29 de September del 2026 a las 15:56 -
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Limber Santos: ´El conocimiento que maestras y profesores tienen de la realidad tiene que ser un insumo fundamental para las políticas educativas´
El candidato de la lista 22 al CODICEN y director Departamento de Educación Rural Limber Santos  dialogó sobre los desafíos hacia las elecciones docentes del próximo 3 de octubre, la necesidad de una mayor representación del interior, la optimización de recursos ante la caída de la natalidad y el impacto de las nuevas tecnologías en el aula.

A pocos días de las elecciones de autoridades del Consejo Directivo Central (CODICEN) de la ANEP, que se celebrarán el próximo sábado 3 de octubre para elegir a los dos consejeros representantes de los docentes, el director del Departamento de Educación Rural y  que encabeza la lista  22, Limber Santos, analizó los principales retos de la enseñanza pública.  En diálogo con @gesor  Limber Santos  hizo hincapié en la descentralización y la importancia de que las políticas educativas nazcan desde el territorio, reflejando la pluralidad de los diferentes "interiores" del país. Asimismo, abordó problemáticas estructurales como los desafíos presupuestales, el apoyo interdisciplinario ante situaciones de complejidad social, los desequilibrios en la matrícula escolar a raíz de la caída de la natalidad y la integración crítica de la inteligencia artificial y las tecnologías digitales en las aulas.

Se aproximan las elecciones de autoridades del CODICEN. ¿Cuáles son las motivaciones que llevan a presentar tu candidatura?
“Efectivamente el próximo sábado 3 de octubre se realizan las elecciones para elegir los dos consejeros  que, en representación de los docentes, van a formar parte del Consejo Directivo Central del CODICEN, de la Administración Nacional de Educación Pública. Y nosotros estamos encabezando la lista 22, que es una lista integrada por compañeras y compañeros de primaria, de inicial, también de secundaria, de UTU y de formación docente.  Es decir, que abarca todo el espectro de la ANEP de Montevideo y particularmente del interior del país. Varios somos del interior y queremos que una de las particularidades de nuestra propuesta para las elecciones es que el interior esté más representado, que la voz de los docentes en el interior se vea reflejada de mejor manera en la definición de políticas educativas. Y el ámbito del CODICEN es el máximo órgano de decisión de política educativa de la ANEP, por lo que es muy importante que los docentes tengan una representación que sea plural, que refleje las múltiples realidades del interior, y no del interior en singular, sino de los interiores en plural, porque no es lo mismo una escuela, un liceo en Mercedes que en Dolores, que en una zona rural, o una escuela rural cercana a las grandes ciudades que en un lugar del departamento alejado de la capital departamental. Es decir, las distintas realidades socioeconómicas y culturales, dentro incluso de un mismo departamento, hacen que el conocimiento que maestras y profesores tienen de esa realidad tiene que ser un insumo fundamental para la definición de políticas y hacer que estas nazcan del territorio, que cada docente, cada maestra, cada profesora, cada profesor pueda ser generador de políticas educativas desde abajo y no como a veces sucede, mucho más de la cuenta, de que los docentes vemos a que la política educativa se define en Montevideo,  se define lejos de nuestras realidades y a veces no resulta pertinente para lo que vivimos cotidianamente. Entonces, nuestra propuesta va por ahí”.


Eso implica recorrer más el territorio.
-“Totalmente.  De hecho, yo habitualmente voy al departamento de Soriano por las escuelas rurales. Desde hace muchos años soy director del Departamento de Educación Rural de Primaria, por lo tanto, ya venimos recorriendo el país, territorios tanto rurales como urbanos, sobre todo ciudades y pequeñas localidades del interior y del interior de los departamentos, no solamente del interior del país, pero está claro que esa tarea, si nos toca estar en el Consejo Directivo Central, debe ser permanente como parte del rol de un consejero o de una consejera docente, porque no hay manera de llevar planteos, propuestas, experiencias a ese ámbito si no es reconociendo los problemas in situ, en el propio lugar donde ocurren. Entonces para eso hay que hablar con la gerencia, hay que ir a las instituciones, hay que recorrer el país. Eso es un esfuerzo importante, pero que es imprescindible poder hacerlo para que los insumos que llevemos allí realmente se correspondan con lo que vivimos en las ciudades y los pueblos del interior”.

Cada período tiene su particularidad y su desafío, pero me supongo que en este periodo  había expectativas de haber conseguido un poco más de presupuesto para la educación,  que no se está cumpliendo en esta Rendición de Cuentas y la perspectiva que se tiene para el resto de este periodo de gobierno.
“Sin duda, la expectativa que los docentes tenemos, en general, de un presupuesto mayor para la educación, que en el ámbito de la ATD lo establecemos desde hace ya muchos años como la reivindicación del 6% más uno para educación, para ciencia y tecnología, no se ha cumplido y no se viene cumpliendo a lo largo de las distintas administraciones, incluso con distinto signo político, lo cual es preocupante porque nos hace preguntar cuál es el lugar que desde la política en general y desde los legisladores se tiene acerca de la educación, de la cual todos hablamos, todos nos preocupamos por la educación, a todos nos atraviesa la educación porque, por más que no seamos docentes, somos padres de hijos que van a las instituciones educativas, todos nosotros hemos pasado por ellas, o nuestras carreras terciarias, universitarias o de formación docente se registran muchas veces en el ámbito público y, sin embargo, los presupuestos no se condicen con la importancia que queremos darle a la educación.
Nosotros reivindicamos, obviamente, el seguir peleando por un porcentaje adecuado del Producto Bruto Interno destinado a la educación, pero también sabiendo que no es solo una cuestión de presupuesto.  Claro que presupuesto para tener mayores recursos para las escuelas y los liceos, equipos multidisciplinarios que acompañen la labor de los docentes y acompañen a las instituciones, no cuando sucede algo grave puntualmente, sino en materia de prevención, en materia de seguimiento de las situaciones, y que al docente, a la maestra, al profesor no los dejemos solos enfrentando realidades sociales muy complejas, muy duras, que son multicausales, son estructurales y que terminan incidiendo en el aula, terminan incidiendo en el patio de las escuelas, en el portón del liceo, a veces bajo la forma de escenas de violencia que puede ser física, que es lo que muchas veces trasciende, pero también violencia que no sea física, pero es violencia al final de cuentas, y que muchas veces los docentes se quedan solos enfrentando eso.
Para eso se necesita mayor equipamiento profesional de múltiples disciplinas que estén acompañando a las escuelas y a los liceos. Para eso se necesita más presupuesto, sin duda, pero con el presupuesto actual —y es lo de lo primero que quiero plantear en el CODICEN— es necesario, y hay margen para establecer acuerdos de la interinstitucionalidad pública. Por ejemplo, con la Universidad de la República, que es donde se forman profesionales que puedan acompañar a las instituciones educativas.  Desde la psicología, desde la asistencia social, desde la sociología, etcétera, porque en el marco de programas de extensión universitaria, les sirve a la universidad poder disponer de recursos profesionales en las instituciones y también le sirve a la ANEP. Para eso hay que generar acuerdos sobre la base de acuerdos marcos que ya existen, pero que sean específicos de trabajo, y con ese ejemplo podríamos seguir esto de generar mutuos acuerdos de institucionalidad pública para el apoyo a las escuelas. Es un tema de recursos, sin duda, y para eso hay que seguir peleando, pero también es un tema de priorizar desde las decisiones políticas dónde se ubican esos recursos y dónde están los mayores problemas para poder detectarlos y abordarlos”.

Tú trabajas en el área rural, una zona del país que viene despoblándose desde hace varias décadas,  y  eso repercute en la superpoblación de las escuelas urbanas. Ya no hay niños en el campo y sí hay niños en la ciudad. ¿Qué debería hacerse en las  en las capitales departamentales para que no haya tanta superpoblación de niños por clase y que esa tarea   educativa pueda ser un poco mejor?
-“Creo que ahí hay un problema muy actual, no el problema de la despoblación del campo, que es un problema viejo, ya viene desde hace muchas décadas que la gente se va del campo y las escuelas rurales las tenemos,  la mayoría de ellas,  muy despobladas, porque es un reflejo directo de la despoblación del campo. Pero hoy está pasando que los índices de natalidad en el país han ido cayendo estrepitosamente, lo cual a nivel global tenemos una caída de matrícula en las escuelas tanto rurales como urbanas muy grande, y es una caída que se sigue proyectando hacia el futuro, por lo menos hasta el año 2030, claramente. Pero nada indica que luego tengamos alguna recuperación, es decir, perdemos población y perdemos niños y adolescentes en las instituciones educativas. Ahora se da algo paradójico, en muchas escuelas urbanas hoy en día tenemos grupos multigrado así como los tenemos en todas las escuelas rurales.  ¿Por qué? Porque en muchas escuelas urbanas ha descendido muchísimo la matrícula, pero sin embargo en otras es al revés y tenemos las clases superpobladas. Es decir, que hay desequilibrios dentro del sistema donde se nos están vaciando algunas escuelas y se nos están superpoblando otras.  Por ejemplo, en alguna localidad donde hay varias escuelas comunes, estas se han ido vaciando con el tiempo, pero una escuela de tiempo completo tiene grupos superpoblados, a veces con 30, 35, hasta 37 niños por docente. Tiene que ver con las preferencias de las familias a qué escuela mandar sus hijos, y a veces esa preferencia, no en todos los casos, pero en muchos lugares va hacia alguna extensión del tiempo pedagógico,  de tiempo completo, y se van vaciando otras instituciones. Yo creo que ahí hay que mirar una política educativa que mire el conjunto, que mire el mapeo completo de instituciones, tanto rurales como urbanas, y genere decisiones que puedan equiparar de alguna forma las ofertas educativas para hacer que todas las escuelas sean igualmente atractivas. Algunas por el horario, otras por la propuesta educativa, pero que de algún modo no tengamos esta superpoblación de escuelas en detrimento de un vaciamiento de otras.
Creo que hay  que trabajar más  en una mirada conjunta, y no de cada escuela en particular.  También esto puede estar sucediendo en la educación media, para optimizar los recursos ya existentes, tanto de profesionales,  de docentes, como los recursos institucionales,  de edificios,  que a veces los tenemos y que son tremendos edificios  con muy bajo alumnado. Hay que fomentar que las familias vuelven a elegir escuelas que están muy bien desde el punto de vista del espacio disponible y que tienen grupos pequeños para ir encontrando esos equilibrios. No es fácil, no es que eso se pueda hacer de un día para el otro, pero hay que ejercer políticas de incentivo para que las familias puedan volver a algunas escuelas que se han ido vaciando. 
Está claro que en términos globales vamos a tener en su conjunto en el sistema educativo muchos menos niños de los que teníamos hasta hace diez años y eso tiene que ver con el descenso de la población y la tasa de natalidad, pero eso nos abre una oportunidad, que es la de tratar de optimizar en términos generales el número de niños por docente para que sea óptimo desde lo pedagógico y liberar también algunos cargos, pero no perdiéndolos. 
Yo no estoy de acuerdo con perder los cargos porque tengamos pocos niños en una escuela, sino disponiendo de esos cargos para hacer duplas docentes y en algunas clases tener, en lugar de un docente, dos para atender situaciones vinculadas con los aprendizajes, una atención más personalizada, también docentes itinerantes que, por ejemplo, en un conjunto de escuelas pueda itinerar como figuras de apoyo, como figuras de retén, maestros de apoyo y maestras de apoyo para complementar la tarea de la maestra de aula. Es decir, necesitamos a más docentes dentro de las instituciones que, aunque no tengan una clase asignada, puedan tener tareas de apoyo técnico-docente a las maestras de aula, y eso lo vamos a lograr si tratamos de no perder cargos y aprovechar a favor en el sistema educativo el hecho de que tengamos menos niños en las escuelas que las que teníamos hace unos años”.


El Plan Ceibal significó para la tarea pedagógica un cambio.  Un cambio de mentalidad y una apertura también a los alumnos a nuevos conocimientos y a nuevas tecnologías, pero ahora en los últimos años está irrumpiendo la inteligencia artificial. ¿Cómo puede incidir eso en la educación?
- “ Sin duda que incide y mucho. Todas las tecnologías nuevas que aparecen en las instituciones educativas vienen a cambiar las dinámicas áulicas e institucionales y sin duda que tecnologías digitales de los últimos años y particularmente la inteligencia artificial viene de algún modo a desestabilizar la enseñanza en términos de ¿qué hacemos con esto?.  De preguntarnos esto, ¿cómo incide?, ¿cómo lo manejamos? No se puede desconocer la existencia de esas tecnologías, no se las puede prohibir de plano, porque todos las usamos, en todos incide y sobre todo los alumno, tanto niños como adolescentes, usan las nuevas tecnologías, usan los celulares, se conectan a internet, usan la inteligencia artificial. Hay que tratar de encontrar mecanismos para hacerlas jugar a favor y no en contra de la enseñanza, y como todas las tecnologías a lo largo de distintas épocas, porque siempre hubo tecnologías, no estas, pero en su tiempo estaba el televisor, el VHS, el DVD, el cine, la radio, siempre a lo largo de la historia de la educación pública hubo tecnologías. Creo que el criterio de cómo usarlas y cuándo usarlas le corresponde al docente en el marco de su experiencia, de su formación.  Decide encender una tecnología, utilizarla y así como se enciende se usa, también se apaga y se guarda. Esto valía cuando teníamos televisores en el aula y era la única tecnología aparentemente nueva disponible, y vale para el celular. ¿Hay que entrar el celular al aula? Claro, si el docente lo cree conveniente, pero así como se usa el celular hay momentos para no usarlo, para apagarlo o para guardarlo en una caja y usarlo en otro momento. Es decir, que la manera en que se usa la tecnología a favor tiene que ser decidida por los docentes. Para eso hay que formar a los docentes, no solamente los institutos de formación docente, como el en Mercedes, por ejemplo, o en cualquier institución de formación docente del país, sino que para un docente en actividad hay que formarlos de manera permanente con formación continua porque esto de las nuevas tecnologías, de la inteligencia artificial es tan reciente que casi ninguno de los docentes que hoy estamos en actividad nos formamos para esto originalmente. Va cambiando muy rápido y debemos trabajar en la actualización permanente y para eso el sistema nos debe proveer de cursos, de actividades de formación para tener herramientas conceptuales y metodológicas que nos permitan usar bien las tecnologías y que no se nos vuelvan en contra”.


Pero esto a futuro no implicará que la educación pública tenga que reformular su propuesta.  Porque los chiquilines siguen estudiando  en los mismos bancos que estudiamos nosotros,  y que se estudiaba incluso en el siglo XIX, con el  mismo método: el docente frente a la clase y el alumno sentado a la banca.
-“Claro. Sin duda que la escuela que tenemos hoy no será en el futuro la misma. Necesariamente van a tener que haber cambios. Ahí tú citaste algunas permanencias. Esto del  salón con un docente enfrentado al aula con los chiquilines sentados en sus bancos o en sus mesas y sillas,  y cómo en los tiempos actuales se necesita más que eso. Ha habido cambios, es cierto que no es la misma escuela a la que yo fui hace 40 años que la que van mis hijos o la que yo veo actualmente, pero también hay muchas permanencias y eso ha ocurrido a lo largo de la historia, que hay que replantearse desde la docencia y desde la escuela, desde el liceo, el ofrecer alternativas que saquen al muchacho de su banco, que lo pongan a trabajar con su cuerpo, a trabajar con las tecnologías, a trabajar con proyectos. Eso ya existe. El tema es que a veces no lo tenemos de forma tan generalizada y en todos los ámbitos y yo creo que sí, que hay que replantearse, reformular, hacer una escuela acorde con estos tiempos. Sin dudapara  eso hay que trabajar con las tecnologías, hay que trabajar con la dinámica con que viene el chiquilín que ya desde tres años viene con un mundo de saberes que el uso de la tecnología le ha ido dando,  y por supuesto que a lo largo de las distintas etapas eso nos ocurre que el chiquilín está con un manejo de la información y de los elementos tecnológicos que a veces sentimos los docentes que incluso nos superan. Pero la escuela puede dar algo que fuera de la escuela no lo van a encontrar, que es, por ejemplo, en qué fuente de internet se puede confiar y en cuál no. Discernir qué es lo falso de lo verdadero, qué es información confiable de aquella que no lo es. Porque internet y las nuevas tecnologías, así como son una gran herramienta, también se nos vuelven en contra cuando aparecen noticias falsas, cuando aparece información errónea, cuando aparece violencia en las redes, que son como se manejan con mucha impunidad. Entonces hay que formarse y formar al individuo para lidiar con las tecnologías con criterio propio, criterio crítico que solo la escuela puede dar.
Y también,  creo  creo que el chiquilín hoy desde que nace ya está con un celular en la mano y por lo tanto esto de permanentemente,  estar sometido a un cambio de pantallas, de una dinámica que no le deja tener pausa, es una vorágine muy frenética. Creo que la institución educativa todavía ofrece un lugar de pausa, ofrece un lugar de calma, un lugar donde también por momentos podemos dejar afuera esa vorágine y leer un poema, admirar una obra de arte, hablar mirándonos los ojos, comer en el comedor en un espíritu de comensalidad hablando entre todos como las familias de antes, que  rodeando una mesa conversaban un domingo al mediodía. Es decir, algunos valores que se han ido perdiendo y que la escuela todavía conserva y hay que equilibrar. El uso de la tecnología con todo lo que eso implica y también el momento de pausa que eso forma también a los seres humanos y que está en manos de los docentes poder hacerlo”.
 

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