(Escribe prof. Alejandro Carreño T. ) Pero si el vecino hinchador es un país, la cosa cambia, porque no es llegar y colocarlo en medio del océano. O mandarlo a Marte. Argentina, lamentablemente, por lo menos para Chile, es uno de estos vecinos jodidos que, cada cierto tiempo, entorpecen las relaciones propias de la buena vecindad. Y, por lo que ya conocemos, tiene la mala costumbre de acabar con la paciencia de varios de sus otros vecinos.
Esto de perturbar al vecindario pareciera ser que forma parte de su ADN. O es el propio presidente, o alguna autoridad ministerial, o algún jefe militar ansioso de titulares o de gloria de soldadito de plomo, como en este último caso de hace solo algunos días. El soldadito de plomo de turno es el brigadier Gustavo Javier Valverde. ¿Qué dijo?: “Lo otro que tenemos muy importante, como dijeron ustedes, Magallanes, al Sur de Drake. Todo eso es soberanía. Hay que mantener ahí, hay que hacer presencia porque eso es una llave bioceánica, Atlántico-Pacífico, y como te digo, eso te puede alertar un montón de cosas”.
Es decir, una provocación directa a Chile. Grave, ciertamente, puesto que habla de soberanía, de ocupar territorio chileno. “Hay que hacer presencia”. O el soldadito de plomo Valverde es un perfecto matón uniformado, o un acabado oligofrénico que no mide las consecuencias de sus palabras. O es ambas cosas a la vez. Sea como sea, lo que se evidencia nuevamente, es la absoluta falta de sentido latinoamericano que tienen las autoridades y militares argentinos. Pero sí tienen agudizado el complejo de la agresión gratuita, de la provocación perversa, de la guerra. Viven soñando con ser conquistadores.
No comprenden que América Latina busca otro destino. Uno más armónico y pacífico. No comprenden que los tratados que se firman entre naciones son para ser respetados y no vulnerados. Cuando se firma un tratado se hace con el honor que yace tras esa firma, porque los tratados se firman entre caballeros, no entre rufianes y compadritos orilleros. Pero Argentina parece que no entiende mucho de estas cosas o se hace la desentendida. Tiene dos tratados firmados con Chile que reconocen el Estrecho de Magallanes como territorio chileno: el de 1881y de Paz y Amistad de 1984.
Recordemos, apenas para ilustrar esta columna, el Decreto 457/2021, durante el gobierno de Alberto Fernández, “que planteaba la necesidad de fortalecer la ‘exploración, estudio y control conjunto del Estrecho de Magallanes y el Mar de Drake”. Es decir, un antecedente formal que fue rechazado por el gobierno de Milei el año 2025, quien reconoció por escrito ante Chile, que esa interpretación “constituye un error conforme lo establecen los Tratados de Límites de 1881 y de Paz y Amistad de 1984”. Con todo, la evidencia del soldadito de plomo echa por tierra tal reconocimiento.
Ahora, es cierto que hubo reacciones airadas por parte de algunas autoridades argentinas como las del canciller Pablo Quirno, que habría tenido una discusión con el ministro de Defensa Carlos Presti, y que incluso, según el medio independiente La Política Online, habría pedido la cabeza de Valverde, lo que no ha ocurrido ni ocurrirá. Pero, como observamos en el párrafo anterior, allende los Andes, lo que se firma con la mano, se borra con el codo, dejando siempre la sospecha de un show mediático para calmar las aguas y los ímpetus del vecino, que se fue con todo a resguardar lo que le pertenece: El Estrecho de Magallanes.
Lamentablemente, Argentina es un vecino nada confiable y, por lo mismo, hay que estar siempre preparado. Y Chile ahora lo está.





