En un encuentro cargado de emotiva reflexión sobre la literatura testimonial, la historia reciente y la construcción colectiva, se presentó en la Casa de la Cultura de Mercedes el libro Pequeña memoria de María Elia Topolansky. La vida es ese torrente. La actividad contó con la organización de la Comisión Memoria, Justicia y contra la Impunidad de Soriano.
La mesa de presentación estuvo integrada por la propia autora, María Elia Topolansky, junto al Prof. Daniel Quijano, quienes intercambiaron impresiones con el público sobre los procesos de escritura, la autobiografía y el sentido de la militancia.
Durante su intervención, el Prof. Daniel Quijano destacó la particularidad de la obra dentro del panorama literario uruguayo, señalando que, a diferencia de otros países de la región, la narrativa testimonial de autobiografía y autoficción aún está en proceso de consolidación en nuestro medio. "Pequeña memoria irrumpe en el género de memoria e identidad desde la autobiografía. No es un mero archivo cronológico; es una novela testimonial que muestra la historia de un momento de nuestro país enriquecida por la mirada poética y subjetiva de la autora", valoró Quijano.
El docente hizo referencia al historiador Hayden White al explicar cómo los acontecimientos vividos se transforman en texto mediante la selección, el énfasis y la interpretación, permitiendo que la experiencia personal se vuelva relato inteligible.
"Fui entendiéndome mientras escribía"
Por su parte, María Elia Topolansky compartió con los presentes el proceso personal e intuitivo que la llevó a volcar sus vivencias al papel. Lectora ferviente desde la infancia, reconoció que la escritura se convirtió en una herramienta de autodescubrimiento. "Uno va desnudando su pasado y entendiéndose a sí mismo. Eso fue lo que me pasó a mí: me fui entendiéndome escribiendo. Quizás, si no hubiera escrito, me habría entendido menos", confesó la autora.
Topolansky enfatizó que la obra no busca ser una historia oficial ni un documento exhaustivo del MLN-Tupamaros, sino una pincelada de sus vivencias personales y de quienes la acompañaron. "No estará todo, ni todos, pero explicitarlo era un acto de honestidad frente a quienes convivieron conmigo", aclaró.
El sentido de lo colectivo y la militancia
Uno de los puntos más conmovedores de la velada fue el intercambio sobre la presencia del "nosotros" en el relato. Tanto la autora como el articulador coincidieron en que la escritura refleja una vida signada por la construcción comunitaria.
Topolansky recordó con humor e ironía anécdotas de sus encarcelamientos y su juventud, subrayando que en las décadas del 60 y 70 "la militancia era el centro de nuestras vidas", más allá de las diferencias ideológicas o de las vías elegidas por cada organización.
"Nuestra vida fue en colectivo. Por eso, cuando muere un compañero o una compañera, el duelo es general: es la partida de un luchador. Eso es lo que nos ayuda a sobrevivir y lo que nos deja este sentido de comunidad", concluyó Topolansky.





