El Balneario La Concordia, necesita de una vez que se atienda su situación y que sus necesidades se transformen en soluciones; con ese objetivo elaboramos junto al senador suplente José Luis Gómez, una propuesta que recoge estas necesidades y busca transformarlas en oportunidades de desarrollo.
Una iniciativa pensada desde Soriano, con respaldo técnico y que buscamos impulsar simultáneamente desde el ámbito departamental y desde el Parlamento nacional, donde se presentó la semana pasada.
La Concordia es el único balneario que tiene Soriano en sus cincuenta kilómetros de costa sobre el río Uruguay; nacido en 1951, hoy tiene más de doscientos solares con todos los servicios, destacamento de Policía, camping y paradores, una población permanente que crece año a año incluidas varias familias de pescadores artesanales. Y hay todavía disponibilidad de otros 200 lotes entre municipales y privados.
La Concordia tiene además cosas que no se pueden fabricar: una de las mejores playas del litoral, atardeceres privilegiados sobre el río y una ubicación estratégica, a tres horas de navegación de Puerto Madero, a 37 kilómetros de Villa Paranacito y a 72 de Gualeguaychú.
Nuestra propuesta tiene dos objetivos muy concretos: proteger lo que tenemos y construir lo que nos falta.
En esa zona, el ancho del río hace que en determinadas condiciones, se comporte casi como un mar donde el viento, el oleaje y las mareas moldean y erosionan la costa.
En los ochenta se construyeron tres espigones que estabilizaron el tramo central de la playa, pero fuera de allí la erosión nunca se detuvo y aumentó con los años.
Hoy el punto más crítico es el tramo norte: 175 metros donde cada temporal se lleva arena y destruye la calle, las reparaciones son cada vez más caras y no son suficientes.
En 2017, la Dirección Nacional de Hidrografía y la Facultad de Ingeniería realizaron batimetrías, estudio de sedimentos, un modelo matemático de la costa y analizaron tres posibles soluciones: relleno con arena, enrocado de gran porte o una intervención mixta de las dos.
En 2019, la ANP localizó un banco de arena aprovechable a 700 metros de la orilla.
Por lo tanto, el diagnóstico existe, las soluciones estudiadas y el material identificado. Lo que falta es tomar una decisión y ejecutar la obra.
El segundo planteo mira hacia adelante.
Los viejos muelles están en ruinas y la única infraestructura náutica es la bajada de embarcaciones que el Municipio de Dolores y la Intendencia reconstruyeron y reubicaron: una mejora necesaria, pero que resuelve solo el acceso al agua, no el resguardo de las embarcaciones, lo que afecta especialmente a las familias de pescadores que viven allí.
Soriano no cuenta con un puerto, un muelle o una marina sobre el río Uruguay. Eso nos deja fuera de cualquier corredor turístico fluvial, salvo aquellos que ingresan al río Negro.
Por eso surge la idea de una dársena excavada en tierra, aprovechando la desembocadura natural de un curso de agua y con un área de resguardo a 120 metros tierra adentro y construir allí un sector de servicios y paseo público.
Lindero a este lugar hay un padrón municipal de tres hectáreas, que la Intendencia podría utilizar para desarrollo inmobiliario y de servicios que ayude al financiamiento.
Esta propuesta cobra mayor importancia ante el casi seguro desarrollo de dos terminales de carga aguas abajo, dentro de Soriano: la del grupo paraguayo Zapag, y el complejo portuario PTP, con una previsión de trescientos puestos permanentes.
Serán cientos o miles de personas trabajando durante la obra y empleo estable después. Esa gente necesitará dónde vivir, dónde comer y dónde pasar el fin de semana. La Concordia está a pocos minutos por la ruta 21 y tiene espacio para crecer.
Hay un gran potencial, pero para desarrollarlo, ambas obras deben avanzar juntas: no tiene sentido proyectar crecimiento mientras la rambla se cae al río, pero tampoco basta con repararla si no se incorpora una inversión que genere actividad y nuevos atractivos para el balneario.
La Concordia lleva décadas esperando una intervención de fondo. Durante ese tiempo perdió sus muelles, perdió costa, y perdió oportunidades. No se debe permitir que siga perdiendo futuro.
Solicito que mis palabras y el proyecto que las acompaña pasen a la comisión de obras y que luego de analizada, si la comisión lo entiende pertinente y el plenario lo aprueba, se envíe al ejecutivo departamental, Municipio de Dolores, a los ministerios de Transporte, de Ambiente y de Turismo, así como a los diputados de nuestro departamento.





