03 de August del 2026 a las 14:05 -
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Entre ´la cosa´ y ´el presidiario´
Es cierto que argentinos y brasileños no se soportan. Y esto va más allá del fútbol. Pero la diplomacia, me imagino, responde a ciertos protocolos que deben respetarse para que se parezca lo más posible, justamente, a ser diplomático.

(escribe prof. Alejandro Carreño T.) La ironía que encierra la pregunta de Luis Inácio Lula da Silva, refiriéndose a Javier Milei, el presidente argentino (¿Quién es ese tipo?), podría ser respondida por un argentino en un tono claro y directo, sin preguntas, sin ironías: es Javier Milei, que en parte de su alocución en São Paulo, en un acto político que organizó el Partido Liberal para apoyar la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro, se refirió a Lula con contundentes epítetos, sin eufemismos: “presidiario”, “ladrón”, “basura”. Hubiera sido mejor no preguntar nada, ni menos en ese tono burlón.

Es cierto que argentinos y brasileños no se soportan. Y esto va más allá del fútbol. Pero la diplomacia, me imagino, responde a ciertos protocolos que deben respetarse para que se parezca lo más posible, justamente, a ser diplomático. Pero hay que reconocer que los argentinos saben poco de estas cosas o, si las saben, no las practican, pues viven en conflictos diplomáticos con medio mundo. Porque, que Javier Milei vaya a Brasil y floree a Lula de la manera que lo hizo, evidencia su absoluta falta de decoro diplomático.

Arrogancia trasandina que también deja su marca donde quiera que vaya. Una marca que habla de su desatino, de su descaro y absoluta falta de respeto por el país y su presidente. Javier Milei soltó su melena y se solazó con sus palabras que incluyeron, además, una advertencia sobre el “riesgo Lula” ante un eventual nuevo gobierno del candidato petista. De regreso a su país, en la Exposición Rural de Palermo, en Buenos Aires, acusó al gobierno de Lula de financiar una campaña de desprestigio contra Argentina, pero sin mostrar ninguna evidencia.

El 25 % de los recursos para financiar esta campaña en redes sociales salió del gobierno brasileño, afirmó. Mientras tanto en Brasilia, el ministro de Relaciones Exteriores, Mauro Vieira, llamó a su par argentino Guillermo Raimondi a la sede diplomática de Itamaraty. Un acto protocolar en estos casos, para apaciguar las aguas que están bastante agitadas por las declaraciones de Milei. Pero, al parecer, la reunión no llegó a calmar nada y las aguas continuarán turbulentas. Esto de “exigir explicaciones diplomáticas”, al estilo Condorito, no tuvo ningún resultado.

Pero los protocolos diplomáticos funcionan de manera diferente a la pelea de vecinos comunes y corrientes, que pueden agarrarse a patadas si los ánimos se caldean mucho. Por eso, en Argentina encuentran que todo está normal con las relaciones bilaterales: “No creemos que esto va a impactar en la parte diplomática de los dos países, o por lo menos del lado argentino. No es la intención que esto afecte las relaciones comerciales entre dos pueblos hermanos que comercian y, de hecho, se tienen como socios comerciales principales”.

Pero la consabida expresión tan del gusto de los diplomáticos, “entre dos pueblos hermanos”, con que le ponen paños fríos a una polémica, ahora no tuvo ningún efecto, porque todo indica que los paños no estaban tan fríos. En una entrevista a un medio local ayer 2 de agosto, al presidente Milei se le volvió a sacudir la melena y respaldó sus palabras del 25 de julio pasado sobre el presidente Lula da Silva: “presidiario”, “ladrón”, “basura”. Y comentó lo de “presidiario” con esta reflexión: “Lo liberaron por una falla en el procedimiento. No es inocente”. Mis palabras “fueron espontáneas”, dijo Milei.

El presidente brasileño demoró varios días para responderle a su par argentino: “Ustedes vieron la payasada que hizo aquí el presidente de Argentina. Yo no dije nada, porque mi relación es la de un jefe de Estado. No voy a entrar en un intercambio de palabras con ‘esa cosa’”.

Y ustedes ven, amigos lectores, que las relaciones diplomáticas entre los dos mayores países de América Latina no se revuelven con “paños fríos”. En fin, dicen que del odio al amor hay un solo paso. Esperemos, en todo caso, que entre “la cosa” y el “presidiario” arreglen sus diferencias, porque lo que América Latina necesita es que sus líderes se preocupen de las urgencias de sus pueblos, y no que se comporten como colegiales de escuela primaria, gritándose idioteces como perfectos payasos de circo pobre.

 

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