08 de July del 2026 a las 15:02 -
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Celeste Amarilla
La senadora paraguaya Celeste Amarilla, del Partido Liberal Radical Auténtico, tiene un nombre que es pura inspiración. Su nombre deriva del latín “caelestis” que significa “cielo”, y se relaciona, por lo mismo con lo “divino”, la “armonía”, la “serenidad” y lo “espiritual”.

(escribe prof. Alejandro Carreño T.) Como se ve, una rica simbología que describe a una persona sensible y creativa, que brilla con luz propia. La RAE nos dice que su antónimo es lo “terrestre”. Lo terrenal. Ese mundo que nosotros, pobres y simples mortales, habitamos.

Y claro, la senadora paraguaya, aunque ostenta nombre tan divino, tan alejado del mundanal chuchoqueo que tejemos los simples mortales, revuelve el gallinero terrenal, olvidando la bóveda celestial que dio origen a su nombre. Y no solo revuelve el gallinero, sino que lo ensucia con su pestilencia verbal que enloda la espiritualidad de su nombre. Sus palabras groseras e insultantes no reflejan nada más que la profundidad de su indigencia intelectual y espiritual. Una persona, sin duda, miserable, que perdió su propio respeto por sí misma.

Personas como Celeste Amarilla son un peligro para la convivencia social y planetaria, porque infunden con su discurso, una promesa de odio, de barbarie y desprecio por la raza humana, de la que ella, infelizmente, forma parte. Su racismo cruel y déspota, no solo ofendió y daño la integridad moral de Kylian Mbappé, el célebre jugador de la Selección Francesa de Fútbol, sino que a los millones y millones de personas de raza negra que habitan el planeta Tierra. Un continente entero pisoteado, África, y sus descendientes que viven en los distintos rincones del mundo.

El tono con que la senadora Celeste Amarilla agredió a Mbappé, fue subiendo de niveles hasta desfigurar por completo el simbolismo de su nombre celestial y caer en las brasas mismas del infierno de su espiritualidad, que ilustra su real sentido de lo humano: “Camerunés colonizado”, “resentido” y “prepotente”, fue lo más simple que le dijo, para luego perderse en los abismos de su infamia: “Bruto, no aprendió ni a escribir, en vez de leche materna chupaba cocos y lo más instruido que escuchó eran chimpancés”.

Sí, amigos lectores, hay conductas humanas que son odiosas, pero cuando una persona, más aún si se trata de una senadora de un país digno, sufrido y heroico como el paraguayo, que sabe de violencia, agresiones y exterminio, reacciona de manera tan primitiva y repugnante, al extremo de ofender en la figura de un jugador de fútbol, una raza humana digna, sufrida y heroica como la negra, que también sabe de exterminio, no merece nuestro respeto ni consideración.

Termino esta columna compartiendo las palabras de Kylian Mbappé: “Usted es una mujer despreciable e indigna de su cargo. Nunca permitiré que personas como ella tengan la libertad de propagar su odio y su racismo por todo el mundo”.

 

 

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