(escribe prof. Alejandro Carreño T. ) Tienen una suerte de masoquismo político, pues les complace “sentirse humillado o maltratado”, como reza la segunda definición de la RAE del término “masoquista”. Una verdadera contradicción cuyos polos son las prebendas y el despojo del poder. Dina Boluarte sería la próxima.
¿Valdrá tanto la pena arriesgarse? Lo pregunto porque en las próximas elecciones del 12 de abril, la lista de candidatos es asombrosa: 35 nombres en la papeleta. ¿No será como mucho? Los candidatos superan por casi el doble el número de candidatos de las elecciones de 2021, que “solo” tuvo 18 postulantes. Palacio Pizarro debe ser como aquellas diosas de la mitología greco-romana que atraían a su víctima para luego darle los peores castigos. En Chile tuvimos la famosa Quintrala, que atrapaba a sus amantes para luego azotarlos o matarlos.
Pero el que no se arriesga no cruza el río, dicen los candidatos. Y ahí los tenemos, prontos para una carrera que puede terminar muy mal para el vencedor. Ahora, usted comprenderá, lector, que tantos postulantes ilustran una realidad política muy inestable, como de hecho lo demuestra el número de presidentes durante la última década. Desde el 2016 hasta ahora, nada menos que ocho. La lista la inicia Pedro Pablo Kuczynski, el 2016 y la termina José María Balcázar. Hubo uno que solo duró cinco días en Palacio Pizarro: Manuel Merino (2020).
Como es de suponer, la diseminación de votos es francamente risible, puesto que los primeros, según la encuestadora Datum, no alcanzan el 12% de las preferencias del respetable. Ambos representan a la derecha: Keiko Fujimori, la hija del cuestionado expresidente Alberto Fujimori y Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima quienes técnicamente están empatados: 11.9 y 11,7 %. Su más cercano es el economista de centroizquierda Alfonso López Chau con 6,5%. Todos los demás candidatos presentan menos del 5 % de las preferencias del electorado.
Lo anterior nos dice que habrá balotaje, puesto que ninguno tendrá la mayoría necesaria para ganar en la primera vuelta. El segundo proceso eleccionario será en junio, que dará menos dolores de cabeza a los electores quienes, además de votar presidentes y vicepresidentes, deberán también hacerlo para escoger a senadores (nada menos que diez mil aspirantes que se disputan 30 cupos nacionales y 30 regionales. Y 130 candidatos a diputados más cinco candidatos al Parlamento. ¿Se imaginan ustedes, amigos lectores, cuánto rato se estará en la cámara secreta?
El tamaño de la papeleta, como se podrá imaginar, es de proporciones perturbadoras: mide más de 40 centímetros de largo y ancho, y presenta cinco listas consecutivas con 36 a 38 partidos en total, por cada una. ¿Cuánto demorará cada elector en encontrar a su candidato? Pero lo relevante, en realidad, es que este número exorbitante de candidatos ilustra una democracia demasiado frágil, expuesta a la chacota electorera y condiciona la propia inestabilidad presidencial.
Perú es un país de contradicciones: con la misma facilidad con que condena a expresidentes a la cárcel, permite que Pedro, Juan y Diego sean candidatos a Palacio Pizarro, convirtiendo el sistema electoral en una verdadera jugarreta cívica.





