Quiero utilizar esta moción previa para referirme a una situación que, a mi entender, merece ser conocida y considerada por el sistema educativo y también por nuestra sociedad.
En la ciudad de Mercedes, en el departamento de Soriano, vive y ejerce la docencia el profesor José Enrique Amuz, quien en el año 2018 se convirtió en el primer profesor de Matemática no vidente del Uruguay.
No estamos hablando solamente de una historia personal.
Estamos hablando de un hecho muy significativo desde el punto de vista educativo y humano.
Porque detrás de ese logro hay años de esfuerzo, de perseverancia y de obstáculos superados para poder alcanzar un objetivo tan importante como convertirse en docente.
Sin embargo, la realidad que ha tenido que atravesar después de recibirse demuestra que muchas veces el sistema no está preparado para acompañar adecuadamente estas situaciones.
Según consta en distintas notas y gestiones presentadas por el propio docente, durante más de siete años se le ha manifestado la intención de regularizar su situación laboral, sin que hasta el momento exista una solución definitiva ni un marco claro que respalde su trabajo.
Esto genera incertidumbre y dificulta el desarrollo normal de su tarea docente.
El planteo que realiza el profesor Amuz es, en realidad, muy razonable.
Para poder desarrollar plenamente su trabajo como profesor de Matemática, necesita contar con la figura de un docente auxiliar o acompañante, que permita facilitar determinados aspectos de la enseñanza que requieren mediación visual, como el manejo de gráficos, expresiones matemáticas o material escrito en el pizarrón.
No se trata de sustituir al docente ni de generar privilegios.
Se trata simplemente de brindar las herramientas necesarias para que un profesional pueda ejercer su tarea en condiciones adecuadas.
Lo importante es que el propio profesor no solo ha señalado el problema, sino que también ha propuesto una solución concreta.
Ha planteado la necesidad de establecer un marco regulatorio claro que contemple la figura del docente auxiliar-referente, con funciones definidas y criterios de funcionamiento que permitan garantizar accesibilidad en el aula.
Esto no es solamente por una persona.
Es también por los estudiantes y futuros docentes con capacidades diferentes que puedan venir detrás y que necesitan encontrar un sistema educativo preparado para acompañarlos.
Una sociedad verdaderamente inclusiva no se mide solamente por los discursos, sino por las condiciones reales que genera para que todas las personas puedan desarrollar su vocación y su trabajo.
Por eso entiendo que esta situación merece ser visibilizada y considerada por las autoridades correspondientes.
Por lo expuesto, solicito que mis palabras pasen a la Diputada María Fajardo, al Senador Robert Silva y al Consejo Directivo Central de la ANEP (CODICEN), a efectos de que se analice esta situación y se avance en la generación de un marco claro que garantice condiciones adecuadas para el ejercicio de la docencia por parte de personas con capacidades diferentes.
Porque cuando alguien logra llegar tan lejos superando tantas barreras, lo mínimo que el sistema puede hacer es acompañarlo.





