Ya están entre nosotros los caballeros herederos del camino.
Los guardianes ancestrales de los sueños.
Son las voces del silencio de su pueblo.
Cargan con tinta en sus caras, alegrías y sonrisas, que ocultan con colores en sus rostros, el dolor y las tristezas de los plebeyos.
Andariegos bufones de la vida, que se burlan del poder en carcajadas, marionetas bailarines de hilos invisibles, en las manos de eufóricos arlequines.
Pierrots enamorados vagando por las calles olvidadas de los barrios lejanos de mi infancia.
Embajadores de la pantomima y el bullicio, que alborotan a la gente humilde alrededor de los tablados.
Son los enviados del imperio de Dios Momo, que gobiernan en las noches de febrero, traen en sus gargantas de zorzales y gorriones mensajes de recilencias y esperanzas, a un pueblo que resiste y aguarda con ilusión mejores tiempos.
Coros de hombres y mujeres, fantasías de arcoiris en sus ropas, poesías de letristas arrabaleros que emocionan con sus versos, universos de pupilas empañadas de melancolías y nostalgias.
Ya están entre nosotros, los enviados de Dios Momo.
Los que con manos firmes, aseguran con orgullo y altivez el legado de otros carnavales.
Los que mantienen la llama encendida de las esperanzas y los sueños de su pueblo
Los que sostienen las sonrisas largas en los labios de los plebeyos.
Son ellos los murguistas, los únicos por excelencia, los auténticos herederos de las lunas de febrero.
Artigas Osores.





