07 de January del 2026 a las 11:04 -
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Buitres al acecho: sálvese quien pueda
Desde hace tiempo, mucho tiempo, que las relaciones internacionales se alejaron de los principios emanados de los artículos 1 y 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptados por la Asamblea Nacional de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948.

(Escribe prof. Alejandro Carreño T.) En rigor, el artículo 1 nació siendo una utopía, por lo menos en la segunda parte del enunciado: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

En efecto, todos los seres humanos nacemos libres, se supone, pero de ahí a que nos comportemos fraternalmente los unos con los otros, aunque es un bello discurso, no tiene ningún sustento en la realidad, ni menos cuando se trata de las relaciones internacionales, siempre sujetas a las ambiciones personales y gustitos de los mandatarios, sobre todo de las grandes potencias. De hecho, los políticos se acuerdan de él cuando el mundo es sacudido por acciones como las emprendidas por Donald Trump sobre Venezuela.

Lo mismo sucede con el artículo 2, que en su parte final declara: “no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía”. Los peces gordos, o los más gordos, no saben leer o se hacen los analfabetos. Por lo tanto, estos artículos son, en realidad, letra muerta dada la realidad del mundo actual.

Y Donald Trump ha irrumpido en el escenario internacional con su ambición personal y política, amparadas por el incontrarrestable poderío bélico de sus Fuerzas Armadas. Tal es su vanidad y convencimiento de su poder omnímodo que trajo consigo la vieja Doctrina Monroe (1823), a la que rebautizó como Doctrina Donroe, ampliando el principio original del presidente James Monroe, para significar que los Estados Unidos no aceptarán que ningún país, no solamente europeo, tenga cualquier tipo de influencia en la región.

El mundo entendió ahora que las bravuconadas de Trump no eran tales, que gobernará en Venezuela hasta cuándo él lo estime conveniente (y le quedan tres años en la Casa Blanca), dejando claramente advertidos a Colombia, Cuba y México. No debe olvidarse tampoco, que le gustaría que Canadá fuese la estrella número 51 de su bandera y que necesita Groenlandia. ¿Cómo miran Rusia y China lo que acontece en América Latina? Con la más absoluta indiferencia y pensando, tal vez, que podrían sumarse libremente al saqueo en sus respectivas regiones.

Si la política del “sálvese quien pueda” venía hace rato condicionando las relaciones internacionales, acomodando el mundo según el criterio de los grandes imperios, léase China, Rusia y los Estados Unidos, los buitres planetarios, la intervención estadounidense en Venezuela, sus amenazas a otros países de la región, incluso fuera de ella, destaparon la hipocresía con que cubrían sus ansias consumidoras de países, y dejaron el camino abierto para que el canibalismo de naciones fuese seguido sin remordimientos de conciencia.

El chipe libre, como se dice en Chile cuando el camino está libre para que haga lo que quiera, sin restricciones (RAE), condicionará las futuras relaciones internacionales dejando a la buena de Dios al planeta, dejando la Declaración de las Naciones Unidas de 1948 como un documento cavernario, una especie de “Rollos de París” envejecidos por la ambición y el poder y no por el tiempo. ¿Se podrá condenar a China que hace rato tiene los ojos puestos en Taiwán? ¿O a Rusia si decide acabar con Ucrania? Solo por citar a los buitres grandes.

Nos guste o no, los Derechos Humanos, la soberanía de las naciones, la democracia, la convivencia pacífica y todo aquello que usted quiera de bien para el mundo, fue reemplazado por los intereses geopolíticos de las grandes potencias, los buitres repletos de misiles y armas destructivas prontas para acallar cualquier reclamo, por humilde que sea. Entramos en la era de la esclavitud con inteligencia artificial, ninguna diferencia con la vieja esclavitud. Solo que ahora la vemos por la tele, la recreamos y hasta algunos se burlan de ella.

Los buitres se complementan, fingen acusaciones y se amenazan entre ellos para darle circo al planeta. Pero están coludidos, con los ojos puestos en sus regiones que consideran intocables. Y siempre atentos a la aparición de otros buitres que vayan a ensombrecerlos o darles una mordida a lo que consideran suyo.

Por eso, a nosotros, que no formamos parte de ese selecto trío de caníbales geopolíticos, ajenos a los “Rollos de París”, y dispuestos a apoderarse de los recursos naturales del mundo, no nos queda más que encomendarnos a todos los santos y figuras parecidas, para no despertarnos el día de mañana con el ruido de metrallas, de un dron hambriento o de un misil caído del cielo.

Ah, y por cierto, olvídese de los artículos 1 y 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que, hoy por hoy, no son nada más que un chiste de mal gusto.

NOTA: Lo recomendable, por lo mismo, para evitar todos estos malos ratos, cuestionamientos, ni rasgar vestiduras morales que nada resuelven, es deshacernos nosotros mismos, como ciudadanos de cada nación, de los dictadores, usurpadores del poder, atropelladores de la democracia, de la soberanía de su propio pueblo y de sus derechos humanos.

 

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