05 de January del 2026 a las 14:07 -
Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInPin on PinterestEmail this to someone
Maduro y la izquierda latinoamericana
Llama la atención, sin embargo, que ninguno de estos líderes haya hecho mención alguna a la realidad del pueblo venezolano bajo el régimen de Nicolás Maduro.

(escribe prof. Alejandro Carreño T. ) Horas después de la vergonzosa e inexplicable extracción de Nicolás Maduro de su residencia, ubicada en el más poderoso recinto de las Fuerzas Armadas venezolanas, Fuerte Tiuna, al sur de Caracas, las voces de la izquierda internacional, pero sobre todo latinoamericana, condenando la invasión de las tropas estadounidenses, no se hicieron esperar y exigieron la inmediata liberación de su camarada, condenando con solidaria vehemencia el atropello a la soberanía y democracia del pueblo venezolano.

Llama la atención, sin embargo, que ninguno de estos líderes haya hecho mención alguna a la realidad del pueblo venezolano bajo el régimen de Nicolás Maduro. Pareciera ser que, para este liderazgo, Venezuela hubiera vivido en un clima de beatífica paz en el marco de una envidiable convivencia social en la que los derechos humanos, el respeto por la democracia y la soberanía nacional, hubieran sido el marco regulatorio de un sistema político preocupado por el bienestar de su pueblo y de sus instituciones.

Una izquierda latinoamericana que hizo la vista gorda cuando el camarada Maduro manipuló el resultado de las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, iniciando el camino sin retorno de una dictadura que llegaría a su fin el pasado sábado tres de enero. No hubo gritos en el cielo ni cosas por el estilo. A lo sumo, suaves solicitudes de que presentara las actas oficiales que avalasen el triunfo que, sin más, se atribuyó. Por el contrario, el reconocimiento de su victoria fue aplaudida como el genuino acto de una sólida democracia.

¿Pisoteó Donald Trump la soberanía del pueblo venezolano? Claro que lo hizo, contraviniendo todos los acuerdos internacionales que rigen la convivencia diplomática entre los países. Sin embargo, y aquí radica el quid de todo este episodio dramático para Venezuela y la región, el primero que pisoteó la soberanía nacional, ultrajó la democracia y atropelló los derechos humanos de su propio pueblo fue, aunque les cueste reconocerlo, aunque no quieran reconocerlo, Nicolás Maduro. Y esta es la tragedia y la inconsecuencia de la izquierda latinoamericana.

¿Dónde estuvieron los liderazgos latinoamericanos cuando se atropellaba la dignidad de los venezolanos? ¿Dónde estuvieron cuando el régimen de Maduro causó la diáspora más ignominiosa de la región, en la que ocho millones de venezolanos buscaron refugios, de buena o mala manera, en las diversas naciones de América Latina, saturando sus sistemas educativos, económicos y de salud? Estuvieron atrincherados en sus palacios, condenando a aquellos que censuraban al régimen y disfrutando de las bondades de su poder. Hasta hoy.

¿Qué hicieron estos liderazgos para impedir que su camarada terminara arrancado de su cama junto a su esposa, con su dignidad y la de ella, basureada, humillada, expuesta al mundo en imágenes imposibles de recomponer ningún día? Claro que pudieron haber hecho algo más que “pedirle cándidamente las actas” y hacerse los tontos como si todo estuviese bien. Debieron presionarlo, exigirle que entregara el poder a quien legítimamente lo había logrado. Debieron aislarlo, hacerle ver que no contaba con su apoyo. Que su gobierno, en fin, no sería reconocido.

No hicieron nada. En Chile, por ejemplo, el Partido Comunista, fiel a la dictadura de Maduro, llevó la voz cantante y acusó a Donald Trump de haber declarado “la guerra no solo a Venezuela, sino también a los pueblos del mundo”. Pero hasta el día de hoy no se ha pronunciado sobre la guerra que Rusia le declaró a Ucrania. Lo más asombroso del PC chileno dice relación con el secuestro que “constituye un crimen que no solo debe ser condenado, sino que sus responsables, tanto quienes lo ordenaron como quienes lo ejecutaron, no pueden quedar impunes ante la comunidad internacional".

Al respecto, habría que recordarle al Partido Comunista de Chile, que el teniente Ronald Ojeda, que gozaba del asilo otorgado por el propio presidente Boric, fue secuestrado, arrancado en calzoncillos de su cama por un comando venezolano ordenado por el régimen de Maduro, entregado a sicarios del Tren de Aragua, torturado y enterrado bajo una capa de cemento. Evidentemente con la complicidad de agentes chilenos nunca identificados. ¿Nada tiene que decir el PC antes casos tan similares a los que denuncia con tanto entusiasmo? Recordemos, nada más, que el teniente Ojeda era acérrimo opositor del régimen de Maduro.

No. Definitivamente, no. El liderazgo de la izquierda latinoamericana no puede ahora esconderse bajo consignas que suenan altisonantes y bonitas, para rasgar investiduras por Nicolás Maduro. Escondieron la cabeza como el avestruz cuando Maduro bailó sobre la dignidad de su pueblo y miraron para el lado cuando los mismos acontecimientos pasaban en otras regiones del mundo.

Lo ocurrido en Venezuela con Nicolás Maduro debe ser una dolorosa lección para toda la región que, por cierto, hoy puede sentirse amenazada por el poder de un megalómano como Donald Trump, poderoso, prepotente, avasallador, imprevisible, burlesco y charlatán.

 

 

 

 

 

(596)


COMENTARIOS

Quiere comentar esta noticia?

* Campos obligatorios
* Nombre:
* Correo Electrónico:
* Comentario:
* Caracteres
Composite End
WordPress Appliance - Powered by TurnKey Linux