
(escribe Sergio Pérez) En el Predio de la Revancha del Prado de la Sociedad Criolla La Lata Vieja, en Cardona, recibimos a Ronival Fernando Ferreira, conocido por su conexión única con los caballos. Su historia, llena de desafíos y aprendizajes, revela un camino marcado por el amor a los animales y el poder de la amistad.
“Cada lugar que he visitado en Uruguay me ha llenado el alma. Lo que más me ha impactado son las amistades que he cultivado en este viaje”, expresa Ronival con una sonrisa que refleja gratitud.
Un origen humilde y un sueño inquebrantable
Ronival nació en Paraná, pero el Bruxo dos Potros nació en Santa Victoria del Palmar, en la frontera con Chuy, Brasil. Desde niño, encontró en los caballos un refugio y una pasión. “Mi vínculo con los caballos nació en el campo, no en la ciudad. Aprendí de ellos desde pequeño, observando y experimentando. Para mí, los caballos son sagrados, no solo por lo que representan en el trabajo, sino por las conexiones que facilitan entre las personas”.
A lo largo de su vida, ha trabajado en diversas estancias y ha tenido mentores que lo guiaron en el arte de la doma. Sin embargo, gran parte de su conocimiento lo adquirió de manera autodidacta. “Siempre estoy aprendiendo. Lo que más me emociona no es dominar al caballo, sino transmitir lo aprendido a los demás. Es un intercambio constante”.
El poder sanador de los caballos
Además de ser un jinete reconocido, Ronival ha encontrado en los caballos un camino de sanación personal. “Durante mi adolescencia, enfrenté problemas de salud mental y tomaba medicamentos controlados. Fue gracias a mi trabajo con los caballos que logré superar esa etapa. Dejé los medicamentos y nunca miré atrás. Los caballos me curaron, y ese es un regalo invaluable”.
Ronival también participa activamente en programas de ecoterapia, ayudando a personas con discapacidad a mejorar su calidad de vida mediante el contacto con los caballos. “La ecoterapia va más allá del trabajo físico; es una corriente de bien. Ver cómo los caballos transforman vidas es emocionante. En Brasil, participé en proyectos como la prueba ‘Inclusión de Oro’, donde personas con capacidades diferentes compiten junto a sus caballos. Es una experiencia de superación increíble”.
Un legado que trasciende fronteras
Aunque no busca el reconocimiento, Ronival ha logrado destacar en el mundo ecuestre. Muchos caballos que ha entrenado han competido y ganado en pruebas prestigiosas, como el Freio de Ouro en Brasil. “No siempre estoy en el podio, pero siento que comparto el éxito de esos caballos y de las personas que los montan. Eso es lo que me llena de orgullo”.
Ronival también es conocido como “el Brujo”, un apodo que surgió durante sus viajes. “El nombre representa mi conexión con los caballos y mi capacidad para entenderlos de una manera especial. Es un honor que me lo hayan dado”.
La amistad como motor de vida
Para Ronival, las amistades que ha construido en su camino son tan importantes como su relación con los caballos. “El dinero no me lleva muy lejos, pero la amistad sí. A lo largo de mis viajes, he encontrado personas que me han acogido como si fuera parte de su familia. Esa es la verdadera riqueza de mi vida”.
Ronival Fernando Ferreira nos deja una lección invaluable: los caballos no solo son compañeros de trabajo, sino también maestros de vida. Su historia es un testimonio de superación, generosidad y amor por los animales. En cada lugar que visita, deja una huella imborrable, demostrando que los sueños pueden realizarse de muchas maneras, siempre que se sigan con el corazón.