
(escribe Sergio Pérez) Mercedes, conocida por su rica tradición cultural y su compromiso con el arte, se convierte cada año en el epicentro de uno de los eventos más importantes del país: el festival Jazz a la Calle. Este 2024, en su 17ª edición, no solo ha reunido a músicos destacados de todo el mundo, sino que también ha incorporado espacios educativos que fomentan el desarrollo integral de la música como disciplina y expresión cultural.
Uno de los puntos más destacados de esta edición es el taller de lutería liderado por Camilo Abrines y Gabriela Jiménez, dos profesionales que han dedicado décadas a un oficio que conecta la música con la naturaleza y la artesanía. Llegados desde Punta Negra, Maldonado, Camilo y Gabriela no solo comparten sus conocimientos técnicos, sino que también promueven un mensaje de sostenibilidad y valorización de recursos, desde el respeto por los bosques hasta la construcción de instrumentos que reflejen la identidad cultural uruguaya.
En una extensa conversación con ellos, exploramos la importancia de la lutería en el contexto actual, el vínculo entre músicos y luthiers, y los desafíos y oportunidades que enfrenta este oficio. Su pasión y compromiso por dejar una semilla en Mercedes resuenan como un llamado a repensar nuestras prioridades culturales y ambientales.
Un taller práctico: sembrando conocimiento desde las bases
El taller, que se realiza en Casa Puerta durante toda la semana de Jazz a la Calle, tiene un enfoque práctico que prioriza la experiencia directa con las herramientas y materiales. La idea es que los participantes no solo escuchen sobre la lutería, sino que se involucren activamente, explica Camilo. Trajimos herramientas de nuestro taller para que puedan experimentar de primera mano lo que implica construir y mantener un instrumento.
El contexto cultural de Mercedes ha evolucionado significativamente en las últimas dos décadas. Camilo recuerda su primera visita al festival en sus inicios: Era un movimiento incipiente, pero hoy hay una generación de músicos formados que demandan servicios profesionales de lutería. Esto demuestra que el arte ha echado raíces profundas en esta comunidad.
Gabriela, quien se especializa en la restauración de instrumentos, añade: La lutería no es solo un oficio técnico; es una forma de conectar con la música y con la materia prima que la hace posible. Cada instrumento cuenta una historia, desde el árbol del que proviene hasta las manos que lo tocan.
El Arboretum Antonio Lussich: preservando la madera y la cultura
Uno de los aspectos más fascinantes del taller es su conexión con la sostenibilidad ambiental. Camilo y Gabriela han integrado en su enseñanza la importancia de conocer el origen de los materiales, promoviendo un uso responsable de los recursos naturales. En este sentido, el Arboretum Antonio Lussich, un reservorio de especies arbóreas en Maldonado, ha jugado un papel fundamental.
El arboretum es un ejemplo de cómo podemos combinar la preservación ambiental con la producción cultural, comenta Camilo. En nuestras visitas con alumnos, hemos identificado maderas que pueden usarse para lutería, siempre respetando el entorno. Es un espacio único que no solo alberga árboles de gran valor, sino también un legado histórico que debemos cuidar.
Gabriela subraya la importancia de cambiar la mentalidad respecto al uso de la madera: Es doloroso ver cómo maderas preciosas, como el algarrobo, se utilizan para leña. Estos árboles, que tardan décadas en crecer, podrían ser la base para instrumentos de altísima calidad si se les diera el valor que merecen.
La relación entre músico y luthier: un vínculo en evolución
El vínculo entre músicos y luthiers es una relación simbiótica que ha evolucionado con el tiempo. Hace 20 años, los luthiers éramos vistos como algo inaccesible, casi elitista, reconoce Camilo. Hoy, esa percepción ha cambiado, en parte porque hay más luthiers y más acceso a información, pero también porque los músicos se han dado cuenta de la importancia de trabajar con profesionales para obtener el sonido que buscan.
Sin embargo, este crecimiento también ha traído desafíos. Camilo advierte sobre la proliferación de pseudo-luthiers que carecen de formación adecuada. Es fácil encontrar tutoriales en internet, pero la lutería requiere años de práctica y estudio. Sin estándares claros ni asociaciones profesionales que regulen el oficio, se corre el riesgo de que se pierda la calidad y la seriedad que caracterizan a este trabajo.
Gabriela añade: La lutería es mucho más que construir instrumentos. Es entender las necesidades del músico, respetar la historia y la cultura detrás de cada pieza, y mantener un compromiso con la excelencia.
La sostenibilidad como eje del futuro
Más allá de la técnica, el taller también busca generar conciencia sobre la sostenibilidad cultural y ambiental. Uruguay tiene una riqueza increíble en términos de monte nativo, pero no se valora lo suficiente, lamenta Camilo. Debemos pensar en formas de preservar estos recursos y, al mismo tiempo, darles un uso que aporte valor agregado, como la creación de instrumentos.
Gabriela comparte una visión esperanzadora: Si logramos que más personas entiendan el ciclo completo de la madera, desde el árbol hasta el instrumento, podemos cambiar la forma en que se percibe la lutería y, con ello, el arte en general.
Conclusión
El taller de lutería en el marco de Jazz a la Calle no es solo una actividad educativa, sino una oportunidad para repensar nuestra relación con la música, la naturaleza y la cultura. A través de su dedicación y experiencia, Camilo Abrines y Gabriela Jiménez han demostrado que el arte no solo se escucha, sino que también se construye, se cuida y se preserva.
En un mundo donde la sostenibilidad es más urgente que nunca, iniciativas como esta son un recordatorio de que cada pequeño esfuerzo cuenta. Desde Mercedes, una semilla de lutería ha sido plantada. Ahora, queda en manos de la comunidad regarla y verla florecer.
La música es un lenguaje universal, pero los instrumentos son su voz. Cuidarlos, respetar sus orígenes y valorar el oficio de quienes los crean es una forma de honrar la riqueza cultural que define a nuestra sociedad. Ojalá que, como en este taller, sigamos encontrando formas de conectar lo técnico con lo humano, lo local con lo global, y lo artístico con lo sostenible.