
(escribe ergio Pérez) La música es un puente que une generaciones, territorios y emociones. En esta primera entrega del año 2025, tuvimos el privilegio de conversar con el guitarrista y músico sanducero Ramiro Della Valle, quien lleva adelante un valioso rescate cultural: la obra del maestro Alberto Carbone. Este referente musical dejó una huella indeleble en Paysandú, siendo mentor de músicos como Aníbal Sampayo y formador de generaciones de artistas locales. Ramiro, multifacético y apasionado por la guitarra, nos invita a redescubrir el legado de un maestro que, aunque injustamente olvidado, sigue resonando a través de quienes interpretan y difunden sus composiciones.
Ramiro Della Valle, nacido y criado en Paysandú, encontró en la guitarra su compañera de vida desde temprana edad. A pesar de provenir de una familia sin antecedentes musicales, su hermano mayor, integrante de un grupo liderado por Carbone, despertó en él la curiosidad por los instrumentos. Formado bajo la tutela de Itati Irigoyen, un influyente profesor salteño, Ramiro desarrolló un estilo que combina la técnica clásica con una sensibilidad que trasciende géneros. Sin embargo, su camino no fue lineal; alternó su pasión por la música con trabajos rurales, una experiencia que moldeó su carácter y su relación con el instrumento.
"El campo y la guitarra no son compatibles", reflexiona Ramiro, rememorando los años en que sus manos se endurecieron trabajando como peón. Pero incluso en los momentos más difíciles, la música permaneció como un refugio y una vocación inquebrantable.
Alberto Carbone, nacido en Montevideo y radicado desde niño en Paysandú, fue un maestro en el más amplio sentido de la palabra. Además de su profesión como docente escolar, enseñaba guitarra, piano, acordeón y violín, formando a cientos de jóvenes que integraban agrupaciones como el emblemático grupo "Fulgores". Su enfoque didáctico y su capacidad para adaptar obras complejas al repertorio estudiantil dejaron una marca imborrable en la cultura musical del litoral.
Ramiro describe a Carbone como "un genio subvalorado", cuyas composiciones, aunque presentes en currículas locales, no han recibido el reconocimiento que merecen. Inspirado por esta deuda histórica, Ramiro emprendió una tarea monumental: rescatar, interpretar y difundir su obra. "Para que un creador siga vivo, la mejor forma de recordarlo es interpretando sus composiciones", afirma con convicción.
A lo largo de su trayectoria, Ramiro ha explorado diversos estilos y formaciones. Desde la guitarra clásica hasta el guitarrón, pasando por el bajo y otros instrumentos de cuerda, su versatilidad le ha permitido colaborar con agrupaciones de renombre como Tantomán. Su vínculo con el guitarrón, particularmente, se consolidó tras presenciar una presentación de Alfredo Zitarrosa en Paysandú, un momento que él describe como "un punto de inflexión" en su carrera musical. En esa oportunidad, los músicos que acompañaban a Zitarrosa eran Ciro Pérez, Vicente Correa y el legendario Gualberto López.
Durante la pandemia, Ramiro aprovechó el tiempo de aislamiento para profundizar en la música clásica, desempolvando partituras y redescubriendo obras que habían quedado en el olvido. Este período de introspección también lo motivó a dedicar sus esfuerzos al proyecto de Carbone, consolidando alianzas con otros músicos e investigadores interesados en preservar el patrimonio cultural.
El rescate de la obra de Carbone no es una tarea solitaria. Ramiro ha encontrado apoyo en colegas locales e internacionales, como Daniel Morgade, guitarrista residente en Perú, y Carlos Blanco Fadol, un destacado investigador de instrumentos étnicos. Juntos, planean estructurar un repertorio integral que incluya dúos, tríos y ensambles con guitarra, piano, acordeón y violín, evocando las formaciones originales lideradas por Carbone.
Entre los proyectos más ambiciosos se encuentra la posibilidad de grabar un disco dedicado exclusivamente a su obra, así como organizar presentaciones en formato de concierto. "Sería maravilloso revivir ese espíritu colaborativo que Carbone fomentó en su tiempo", comenta Ramiro, visiblemente emocionado por las oportunidades que se avecinan.
La labor de Ramiro Della Valle es un recordatorio de la importancia de preservar y valorar el legado cultural de nuestros territorios. El maestro Alberto Carbone, cuya influencia marcó a generaciones de músicos, encuentra en Ramiro un discípulo y guardián comprometido con mantener viva su obra. Este rescate no solo enriquece el panorama musical uruguayo, sino que también nos invita a reflexionar sobre la necesidad de recordar y honrar a quienes han construido las bases de nuestra identidad cultural.