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26 de December del 2024 a las 15:09 -
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Payadores rioplatenses: raíces y futuro de una tradición en canto
Un arte de influencias y misturas que narra la historia del Río de la Plata.

(escribe Sergio Pérez)  En una tarde de verano, bajo el ritmo pausado del litoral, Schubert Flores Vasella comparte desde Buenos Aires sus reflexiones sobre el arte payadoril, ese legado de los trovadores del Río de la Plata que, más allá de la mera improvisación, constituye un medio de expresión cultural, un registro de identidad y una resistencia frente a la cultura hegemónica urbana. Su nuevo libro, "Payadores Rioplatenses: Influencias y Misturas (1969-2019)", no solo aborda la historia de esta tradición, sino que también analiza su evolución y su futuro en un mundo en constante cambio. 

El arte del payador es mucho más que música o poesía improvisada. Es, como Flores enfatiza, "una expresión riquísima, muy enraizada con lo telúrico, con nuestro pasado y con la crónica social". Este artículo profundiza en las ideas presentadas por el autor, extendiéndolas hacia el impacto que este arte tiene en la construcción de la identidad cultural rioplatense. 

 

El fenómeno migratorio de los payadores uruguayos

En su libro, Schubert documenta cómo una veintena de payadores uruguayos, entre ellos figuras como José Silvio Curbelo y Walter Mosegui, llevaron su arte a Argentina en un momento crítico para el género. Este movimiento no solo reactivó la tradición payadoril en tierras argentinas, sino que también dio lugar a una sinergia cultural única.

Los payadores uruguayos aportaron nuevas influencias musicales, como la milonga oriental, con su ritmo más galopeado y sus raíces afrodescendientes, además de un vasto acervo poético que enriqueció la escena artística argentina. A su vez, recibieron de sus pares argentinos elementos de profesionalización y una visión más estructurada del género, estableciendo talleres y escuelas de improvisación que perduran hasta hoy.

 

El Día del Payador y otros logros culturales

Un hito destacado de esta colaboración fue la institucionalización del Día del Payador en Argentina, celebrado cada 23 de julio en homenaje a la histórica payada entre Gabino Ezeiza y Juan de Nava en Montevideo, en 1884. Este reconocimiento formal consolidó la relevancia del género y su legado compartido.

Flores también subraya fenómenos innovadores, como las "noticias payadas" que Curbelo presentaba diariamente en Radio Nacional, y la aparición de la mujer payadora como figura profesional, con Martita Suí como pionera del movimiento.

 

La docencia como pilar de continuidad

Un aspecto fundamental para la preservación del arte payadoril ha sido la enseñanza. Los talleres de payadores iniciados en Argentina por figuras como Curbelo no solo formaron nuevas generaciones de artistas, sino que también llevaron el género a lugares donde antes no tenía presencia, como el norte y la Patagonia argentina. Este fenómeno comienza ahora a reflejarse en Uruguay, donde nuevos valores, como Emanuel Calero y Leonardo Silva, emergen con fuerza.

 

La improvisación como arte mayor  

Schubert Flores comienza desafiando una idea arraigada en ciertos círculos académicos y culturales: que el arte payadoril es menor. En su defensa, destaca las capacidades únicas que este arte demanda de sus intérpretes: la combinación de creatividad, musicalidad, poesía e improvisación en tiempo real. Es un arte "mayúsculo", señala, cuya relevancia no puede ser medida solo por su complejidad técnica, sino también por su capacidad de narrar el espíritu de una comunidad. 

La improvisación, en este contexto, no es un acto aleatorio, sino una habilidad cultivada que encuentra sus raíces en las tradiciones más antiguas de los trovadores europeos y los narradores orales africanos. En el Río de la Plata, este arte se transformó en un vehículo para expresar las vivencias rurales, los amores, las luchas sociales y los grandes acontecimientos históricos. Por tanto, cada payada no solo es un acto artístico, sino también un documento histórico que captura el sentir de su tiempo. 

 

Influencia y mestizaje cultural: un diálogo bidireccional 

El subtítulo del libro de Flores, "Influencias y Misturas", refleja la riqueza de un intercambio cultural constante. A partir de los años sesenta, como relata Flores, una oleada de payadores uruguayos emigró a Argentina, llevando consigo influencias como la milonga oriental, más rítmica y enriquecida por elementos de la negritud. Este movimiento revitalizó un género que en Argentina se encontraba en declive, expandiendo su alcance a regiones antes marginales. 

Por otro lado, estos payadores adoptaron elementos propios de la cultura argentina, como la profesionalización del arte. Flores menciona que, mientras en Uruguay los payadores se desenvolvían en un contexto más informal, en Argentina se les exigía mayor puntualidad, formalidad y presentación, lo que contribuyó a elevar la categoría del género. Así, este intercambio no solo fortaleció el arte, sino que también lo transformó, dando lugar a nuevas formas de expresión y profesionalización. 

 

Generaciones de payadores: de padres a nietos culturales 

Un aspecto fascinante del análisis de Flores es su división generacional del arte payadoril. Identifica tres oleadas: 

1. La primera generación: Los pioneros uruguayos que, como José Curbelo y los hermanos Lagos, entre otros, cruzaron a Argentina en los años sesenta, llevando consigo la esencia del arte telúrico. 

2. La segunda generación: Los discípulos y seguidores de estos pioneros, quienes no solo aprendieron el arte de la improvisación, sino que también lo institucionalizaron mediante talleres y espacios formativos. 

3. La tercera generación: Los "nietos culturales", jóvenes en sus veinte años que están reinventando el arte bajo la guía de estos talleres. 

 

Este proceso de transmisión intergeneracional, como destaca Flores, ha sido crucial para la preservación del arte en un mundo donde las expresiones culturales tradicionales enfrentan el riesgo de desaparecer. Los talleres de payadores, organizados por figuras como Curbelo, son un testimonio de cómo un arte tan espontáneo puede estructurarse y enseñarse sin perder su esencia. 

 

La identidad rioplatense: un puente cultural 

Uno de los puntos más reflexivos de la conversación con Flores es su insistencia en una identidad cultural compartida entre Uruguay y Argentina. "Somos rioplatenses", afirma, destacando cómo este término encapsula una herencia común que trasciende las fronteras políticas. 

La cultura rioplatense se manifiesta no solo en el arte payadoril, sino también en otras expresiones culturales, como la música, la literatura y el tango. Es una identidad forjada por siglos de intercambio entre las dos orillas del río, donde la improvisación de los payadores sirvió como una forma de narrar y reforzar esta conexión. 

 

El futuro del arte payadoril: desafíos y esperanzas 

De cara al 2025, Flores planea una "cruzada payadora" que recorrerá Uruguay, celebrando los 200 años de la Cruzada Libertadora. Esta gira no solo buscará difundir su libro, sino también reivindicar un arte que, como él señala, "resiste a la asfixia y al predominio hegemónico de la cultura citadina y capitalina". 

El futuro del arte payadoril depende, en gran medida, de su capacidad para adaptarse a un mundo en constante cambio. La profesionalización y la formación de nuevas generaciones son pasos importantes, pero también lo es la conexión con el público urbano, que muchas veces desconoce esta tradición. 

 

Un arte que canta al tiempo 

En palabras de Schubert Flores, los payadores fueron los primeros cronistas de nuestra historia, narrando la vida y las luchas de nuestras comunidades. En un mundo donde la cultura enfrenta constantes amenazas, su arte sigue siendo una resistencia, una afirmación de identidad y una celebración de nuestra herencia compartida. 

 

El libro "Payadores Rioplatenses: Influencias y Misturas (1969-2019)" es más que una obra académica; es un manifiesto cultural que invita a las generaciones presentes y futuras a mantener viva la llama de una tradición que canta al tiempo, al amor y a la libertad.

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