17 de November del 2022 a las 23:59 -
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La erisipela de Jair Bolsonaro
Los brasileños necesitan, y los latinoamericanos también, por lo que representa Brasil para la región, que la agenda presidencial deje de decir “sin compromisos oficiales”, que es la frase que se lee desde el día después de la derrota electoral del 31 de octubre.

(escribe  prof. Alejandro Carreño T.) Todo mal para el Presidente Jair Bolsonaro. Dos semanas después de su derrota por una cabeza en las urnas, el pasado 31 de octubre, el presidente brasileño no ha dado señales de humo. Cuarenta y ocho horas demoró para decir que respetaría el resultado de las elecciones, pero sin reconocer el triunfo de Luis Inácio Lula da Silva ni mucho menos felicitarlo por su victoria. El Palacio de Planalto es de un silencio sepulcral. En estas dos semanas el Mandatario ha permanecido en su residencia oficial, el Paladio de Alvorada, alejado de toda actividad pública. ¿La razón? Una enfermedad a la piel, la guinda de la torta de sus pesares, que le impide aparecer en público.
La erisipela la define la RAE como una “Inflamación microbiana de la dermis, caracterizada por el color rojo y comúnmente acompañada de fiebre”, y se expresa “por medio de escalofríos, vómitos, fiebre alta, temblores, debilidad, malestar y nauseas”, según informa el diario La Nación de Buenos Aires. Se sabe que la parte afectada del Presidente es una pierna, por lo que debe descansar y mantenerla en alto para evitar cualquier hinchazón. Si a la erisipela le sumamos la derrota en las urnas, se comprende el silencio sepulcral al que aludíamos, lo que sin duda debe significar una tortura para Jair Bolsonaro, dueño de una verborrea avasalladora.
Tanto así, que sus redes sociales están completamente calladas. El tuitero empedernido que hasta hace dos semanas comunicaba su pensamiento a través de sus tuits, hoy permanece en reposo, mordiendo su rabia y su dolor que lo tienen alejado de la presidencia. Más aún, de su enfermedad tampoco nada se sabía hasta la aparición de vicepresidente Hamilton Mourão en una actividad pública en la que debiera estar el Presidente: entrega de credenciales de nuevos embajadores, entre ellos los de Argentina, Daniel Scioli, y México, Laura Esquivel. Hamilton Mourão fue quien informó a la prensa de la enfermedad de Bolsonaro.
En declaraciones al diario O Globo el vicepresidente habló de la erisipela: “Es una cuestión de salud. Está con una herida en la pierna, una erisipela. No puede usar pantalones” ni podría presentarse “en bermudas”, informó el medio chileno biobiochile.cl el día de hoy. Es decir, Jair Bolsonaro se encuentra “fuera de combate” total, adolorido del cuerpo y del alma. Por cierto, el país espera su recuperación para que retome sus labores presidenciales, pues una derrota política es solo eso, y un Presidente está por sobre las derrotas y victorias políticas. O debiera estarlo. Brasil necesita que el Mandatario cumpla su mandato democrático, y haga entrega democráticamente también de la banda presidencial al Presidente electo Lula da Silva, porque así funciona la decencia política cuando es democrática.
Los brasileños necesitan, y los latinoamericanos también, por lo que representa Brasil para la región, que la agenda presidencial deje de decir “sin compromisos oficiales”, que es la frase que se lee desde el día después de la derrota electoral del 31 de octubre.


 

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