10 de November del 2022 a las 07:57 -
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Elecciones en Nicaragua
Es digno de Ripley lo ocurrido en Nicaragua, pues la alianza electoral “Nicaragua Triunfa”, liderada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Daniel Ortega, ganó en las 153 alcandías del país

(escribe prof. Alejandro Carreño T.) El domingo recién pasado se realizaron las elecciones nicaragüenses para elegir a los alcaldes, como corresponde en todo proceso democrático donde el pueblo va a las urnas para escoger a sus gobernantes. El problema es que el gobierno del matrimonio Ortega-Murillo, que manda en el país como si fuese su hacienda, está lejos de ser una democracia ni nada que se le parezca. Es una vulgar dictadura bananera a las que lamentablemente nuestra América Latina nos tiene acostumbrado. “Hemos terminado con éxito un ejercicio cívico y soberano. La voluntad de la ciudadanía fue expresada en las urnas de manera transparente, democrática y en paz”, declaró la presidenta del Consejo Supremo Electoral (CSE), Brenda Rocha. de CSE.

Por cierto, este Consejo como todas las instituciones públicas y no públicas de Nicaragua están en manos de la pareja de dictadores y sus hijos, tal como lo describo en mi columna publicada el 24 de agosto de 2021 en CoolTivarte: “Nicaragua: el fundo de los Ortega-Murillo” (https://cooltivarte.com/portal/nicaragua-el-fundo-de-los-ortega-murillo/). Todos danzan, en consecuencia, la música que el “democrático matrimonio” quiera imponer, en este caso, “una elección transparente, democrática y en paz”. El problema, usted comprenderá lector, que no es posible en una elección descrita en estos términos, que el resultado sea cien por ciento favorable solo a un bando. En este caso, al oficialismo.

Así es. Es digno de Ripley lo ocurrido en Nicaragua, pues la alianza electoral “Nicaragua Triunfa”, liderada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Daniel Ortega, ganó en las 153 alcandías del país. Y en muchas de ellas por paliza. ¿Y la oposición?, se preguntará el lector. No existe. Es una oposición cuyos líderes se encuentran fuera del país, encarcelados o muertos. En Nicaragua no existe verdadera oposición, porque esta palabra solo tiene validez en política en regímenes democráticos. En consecuencia, el resultado del domingo era “más que esperado”.

De este modo el Frente Sandinista de Liberación Nacional (qué nombre más sarcástico dada la realidad que vive el pueblo nicaragüense), es dueño absoluto del país, puesto que antes de estas elecciones “solo” administraba 141 alcaldías de las 153. Además, como es de suponer, controla las Fuerza Armada y la Policía Nacional. Los datos oficiales hablan de 1.957.074 votos válidamente emitidos de un total de 3.722.884; es decir, el 52,6%. Sin embargo, el observatorio independiente Urnas Abiertas, afirmó que la abstención fue de 82,7 % con una participación de apenas 17,3 %. La confiabilidad en el sondeo es de 95 %. Ahora, de acuerdo con Unidad Nacional Azul y Blanco, coalición opositora cuyos líderes se encuentran en el exilio, estas elecciones son una “farsa municipal para afianzar su control absoluto en el país”.

Lo dramático de todo este circo eleccionario montado por Ortega-Murillo, no solo tiene que ver con el sometimiento del pueblo nicaragüense a un régimen inmisericorde que no respeta ninguno de los derechos fundamentales de las personas, sino también con el afán totalitario de varios regímenes latinoamericanos que no escatiman esfuerzos por someter de cualquier manera a su pueblo, haciéndose del poder absoluto.

Mi mensaje es simple: latinoamericanos, cuidemos la democracia porque solo en ella es posible vivir en paz, armonía y libertad, y rechacemos con vehemencia cualquier intento de totalitarismo vestido con ropas democráticas.

 

 

 

 

 

 

 

 

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