13 de October del 2022 a las 20:41 -
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Reflexiones sobre América Latina
Tendremos un aumento de la pobreza al 33,7 % y la pobreza extrema 14,9 % este año, como consecuencia de la guerra de Ucrania que repercute en el aumento de la energía y los alimentos. Estos porcentajes significan un aumento del 1,6% y 1,1% respectivamente con respecto a 2021.

(escribe prof.  Alejandro Carreño T.) América Latina atraviesa tiempos difíciles que nada bueno le auguran para un futuro cercano. La situación política que respira el Cono Sur, con gobiernos entregados a una suerte de “sino fatal” en escenarios de conflictos permanentes, mantiene a nuestro continente con la espada de Damocles sobre su geografía. Las crisis gubernamentales agitan la vida ciudadana de nuestros países y generan incertidumbre entre los suyos. Las palabras “fe” y “esperanza” pierden sentido en la realidad e insisten en permanecer pegadas en las páginas del diccionario. La vida del latinoamericano tropieza día a día con la corrupción, la delincuencia y la hambruna.

La pobreza arremete virulenta sobre su gente, y las calles se pueblan de menesterosos que hace de ellas y de sus plazas su residencia indigna para cualquier civilización, más aún para la nuestra que se enorgullece de sus carreteras, automóviles y celulares de última generación. La miseria humana ya no retratada por la pintura ni la literatura, sino por la mirada indiferente, muchas veces, de transeúntes absorbidos por el laberinto vertiginoso de la ciudad. Los números son dramáticos como normalmente suelen serlo cuando se trata de medir los padecimientos de los hombres. El anuncio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), es lapidario.

Tendremos un aumento de la pobreza al 33,7 % y la pobreza extrema 14,9 % este año, como consecuencia de la guerra de Ucrania que repercute en el aumento de la energía y los alimentos. Estos porcentajes significan un aumento del 1,6% y 1,1% respectivamente con respecto a 2021. En definitiva, este año seremos más pobres que el año anterior. Las palabras de Mario Cimoli, secretario ejecutivo interino de Cepal, en junio de este año, son categóricas: “El modelo productivo cambió y no sabemos los efectos que tendrá. Pienso que tendrá efectos más persistentes sobre la inflación de los que la gente se imagina”.

De hecho, la inflación anual de la región en 2021 fue de 6,6 %, pero ya en abril de este año había aumentado a 8,1 %. Por su parte, los datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) para este año son dramáticos: 12, 1 % será la inflación de la región, el registro más alto de los últimos 25 años. Un escenario inflacionario que sin duda traerá consecuencias graves como el aumento de la delincuencia y del crimen organizado afincados desde hace mucho en nuestros países, pero que se agudizan a la luz del retroceso económico, pues todo retroceso económico implica pérdida de empleos y degradación de la moneda local. América Latina es una triste acuarela de desolación.

La delincuencia atraviesa sus mejores momentos. Salpica la geografía latinoamericana y en verdaderos procesos de osmosis, va de un lado a otro cruzando fronteras de desiertos, mares, selvas y cordilleras. Las bandas, verdaderas empresas delictivas, “construyen sus sedes” en nuestras capitales y principales ciudades. Se expanden como los grandes monopolios y se pelean entre ellas la clientela ciudadana entregada a su propia suerte. Las balas y los muertos lo cubren todo, en cuanto las autoridades reflexionan y debaten sobre la mejor manera de combatir la sanguinolenta peste callejera.

Del narcotráfico no se escapa ningún punto de nuestro mapa. Extensas regiones desde México a Chile se encuentran en sus manos, imponiendo el terror y la muerte. Su vínculo con grupos terroristas lo hacen aún más poderoso y mortífero. Frente al terror de la droga y la metralla, las policías se sienten como “niños de pecho”, pues su poder de fuego no se compara con el poder de fuego de estos Carteles del Infierno. Parodiando el dicho, el país que se sienta libre del narcotráfico, que lance la primera piedra.

Por su parte, la inmigración ilegal proveniente de países cuyos sistemas políticos los han consumido por años, como Venezuela, por ejemplo, han estimulado no solo la delincuencia común, sino también el narcoterrorismo, así como aumentado considerablemente la crisis interna vivida por los países que, sin quererlo o sin saberlo, “los acogen”.

Sí, América Latina no vive sus mejores momentos, tampoco los peores.  

 

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