31 de August del 2022 a las 14:36 -
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Chile: ultraje a la bandera
¿Qué diría usted, lector, si un ciudadano de su país tomase la bandera nacional y se la metiese en el ano? ¿Qué diría usted si este ultraje a su bandera se hiciese arriba de un escenario y el espectáculo vergonzoso estuviera animado por una periodista? ¿Qué diría usted?

(escribe prof. Alejandro Carreño T. ) Pues bien, estimado lector, esto ha ocurrido exactamente en Chile.  Un grupo de travestis llamado Las Indetectables se encargaron de mostrarle al mundo los decadentes niveles de grosería y vulgaridad a que hemos llegado como sociedad. Su “show” formaba parte del programa Apruebo Transformar, con que el alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, Partido Socialista hasta el año 2008, Convergencia Social hasta el año 2019, y desde ese mismo año, independiente, festejaba su espectáculo para el Apruebo del Plebiscito de Salida el próximo 4 de septiembre.

¿Quiénes componen este “selecto grupo de travestis? De acuerdo con la información del medio La Tercera Digital del domingo recién pasado, “Apruebo Transformar reúne a un grupo de exconvencionales: Tania Madriaga, Manuel Woldarsky, Alejandra Pérez, Natividad Llanquilleo, Francisca Linconao, Eric Chinga, Isabel Godoy y Wilfredo Bacian, junto a alcaldes y concejales, entre quienes destaca el edil de la comuna de Valparaíso, Jorge Sharp”. ¿De dónde viene toda esta tirria por los valores patrios? ¿En qué momento nace esta destrucción no solo de lo material, sino también de lo valórico, de aquellos valores con los que nos identificamos como herencia de nuestros padres, de nuestra educación, de nuestra historia?

Del mal llamado estallido social de octubre de 2019, que sentó las bases del caos y la destrucción a lo largo del país. Cuando los delincuentes de la primera línea adquirieron el estatus de “héroes”, el vandalismo se apoderó de las calles y lo destruyó todo, comenzando por el Metro más moderno de América Latina. Nada quedó en pie. Tampoco la dignidad. Estos grupos levantaron sus consignas progresistas, hoy avaladas por la Constitución que votaremos el próximo 4 de septiembre, y destruyeron todo lo que pudieron de nuestra historia nacional.

Lo quemaron todo y clamaron al mundo que instauraban un “Chile Nuevo”. Consagraron la identidad de género como arma de batalla y el derecho a la “libre expresión”, como lo que el mundo acaba de ver: la bandera chilena metida en el ano de un travesti grosero, vulgar y nauseabundo. ¡Cuesta entender que haya personas enfermas de vulgaridad, enfermas de ideologías fanáticas, enfermas de groserías sexuales! Cuesta entender que autoridades, conociendo el pasado de este grupo de travestis ordinarios, que ya habían ultrajado la bandera y orinado en una estatua, hayan aceptado su presencia para Apruebo Transformar.

Cuesta entender que la animadora del desgraciado espectáculo haya sido una periodista, Alejandra Valle, que provocó a la gente del Rechazo (oposición al Gobierno), con frases como o “Les cuesta entender cualquier cosa que no sea literal. Es difícil para ellos lo metafórico”. ¿Podría decir la periodista Valle dónde se encuentra la metáfora en la presentación de unos travestis ordinarios ultrajando la bandera chilena, metiéndosela en el ano? Alejandra Valle es una resentida social, con espacio en medio local, que hace algo más de una semana declaró que las autopistas son para los ricos. Un símbolo de la idiotez en los medios.

Sí, ya estamos en los niveles de leyes como la de Canadá, que condena a seis meses de cárcel si alguien “ofende” a otro llamándolo por quien ese otro no se identifica porque simplemente no se autopercibe como tal. Por ejemplo, si Mario se autopercibe como María, pero usted lo llama de “él”, arriesga seis meses de cárcel. ¿Comprende los niveles de estupidez para agradar la “igualdad de género”? O la ley que la izquierda quiere implementar en Suecia para que los hombres hagan “pipí” sentados, para no ofender la “igualdad de género”. No, lector, no son chistes lo que le cuento.

Son realidades de una izquierda enferma, que se llama progresista, que fracasó históricamente, políticamente y socialmente en todo el mundo, y que repite a viejos maestros de la segunda mitad del siglo XIX, usando ahora la consigna de la igualdad de género en reemplazo de la consigna “obrero contra burgués”, clase media y clase media alta como hoy la llamamos, y que fracasó rotundamente como arma de combate para instalar sus ideologías trasnochadas. Sí, amigo lector, lo que sucede en Chile es esta decadencia de una izquierda fanatizada, construida por soñadores e idealistas que viven su encapsulados en su mundo imaginario, y responden a una moral que sienten como superior, como el propio ministro Giorgio Jackson lo declaró, al afirmar la supremacía moral política de su generación, por sobre la de sus predecesores.

Chile está mal, lector latinoamericano. Muy mal. Duele, y mucho, la decadencia moral a que la izquierda progresista, violenta, arrogante y fracasada, instalada en los diversos estamentos del poder, lo ha conducido, en aras de una igualdad de género que es hoy el esperpéntico escudo que todo lo cubre y justifica.

Los chilenos, a diferencia de Mario Vargas Llosa que se preguntaba en una de sus novelas clásicas, cuándo se jodió el Perú, nosotros sí tenemos una respuesta clara y definitiva: Chile se jodió el viernes 18 de octubre de 2019.

 

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