12 de July del 2022 a las 00:55 -
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Uruguay la lleva
Así nos  ven desde el exterior:  Uruguay, el pequeño pero ordenado país, pesca del río revuelto en que se convirtió América Latina desde hace muchos años.

(Escribe prof. Alejandro Carreño T.)  Un país crece en un marco de paz, estabilidad política, económica y social. Desde hace mucho tiempo América Latina sufre las consecuencias que provoca la ausencia de estas variables indispensables para el desarrollo de sus naciones. Chile, por ejemplo, era considerado el alumno aplicado del continente, con un crecimiento continuo de más de una década. Pero no era más que un espejismo que el estallido delincuencial de octubre de 2019 se encargó de romper con una violencia pocas veces vista en el mundo. Hoy el país es una calamidad en todos sus frentes, y su recuperación llevará años de miserias y sacrificios que afectarán, sin duda con mayor fuerza, a las nuevas generaciones.

Las consecuencias de esta degeneración política y social significó que solo en un año, de acuerdo con el último Informe de Finanzas Públicas (IFE) del Banco Central de mayo pasado, la salida de capitales del país llegó a 19 mil millones de dólares, generada por la incertidumbre que suscitó la Convención Constitucional. Se empobrece Chile, se empobrecen los chilenos. Pero Uruguay “se ha mantenido como una de las economías con menor riesgo país de la región, y ha consolidado su estabilidad política y sus reglas de juego, a diferencia de gran parte del continente” (Reportaje de Julio Nahuelhual Muñoz: “Uruguay: la estabilidad de la economía uruguaya atrae a inversionistas chilenos”, diario La Tercera, domingo 26 de junio de 2022. Todas las citas son de este Reportaje).

Y el país de Juana de Ibarbourou comenzó a atraer capitales no solo argentinos y brasileños, sino también chilenos. Así lo reconoce el abogado Juan Manuel Mercant, socio del principal estudio uruguayo Guyer&Regules: “Fuimos a Chile en abril pasado y confirmamos que hay una tendencia de muchos chilenos por tener a Uruguay como alternativa para sus inversiones. La sensación con que me vine de Chile en ese momento era que había un nivel de incertidumbre importante y un horizonte de inversiones muy pequeño”. A río revuelto, ganancia de pescadores, reza el refrán. Y Uruguay, el pequeño pero ordenado país, pesca del río revuelto en que se convirtió América Latina desde hace muchos años.

El crecimiento de la economía uruguaya para este año será aproximadamente del 5% y de 3,5% para el 2023, a diferencia de Chile que espera una recesión económica implacable en medio de una crisis política y social pocas veces vista en su historia. A esto apunta, precisamente, el comentario de Beatriz Carámbula, Presidenta de la Cámara Inmobiliaria Uruguaya: “Más allá de la rentabilidad, lo que busca el inversor chileno es lo que hoy Uruguay le está dando: estabilidad política, estabilidad social y estabilidad económica. A Uruguay lo ven como un país confiable y donde no hay cambio en las reglas del juego”.

Y esto es sorprendente, pues ya no se trata de grandes capitales en fuga, sino de chilenos que disponen de algún dinero para comprar un inmueble en Montevideo o Punta del Este, por ejemplo: “Muchos chilenos han decidido tomar residencia en el país, otros adquieren inmuebles para generar rentas, aprovechando las exenciones tributarias vigentes”. Sí, Uruguay la lleva, como Chile la llevó ayer. Hoy son los chilenos quienes buscan refugio fuera de su patria, acosados por el miedo de la instalación de una Constitución fundamentalista en caso de ganar el Apruebo el próximo 4 de septiembre: “El aumento de consultas es enorme. Pasamos de una consulta por semana a entre dos y tres consultas diarias desde Chile”, afirma Gonzalo Martínez, CEO de Moebius Consultora Inmobiliaria.

Bien por Uruguay que está sabiendo hacer las cosas, ordenando su casa y atrayendo al inversor extranjero. Los gobiernos deben comprender que sin capital no hay desarrollo de nada, solo de la pobreza. Cualquier otro discurso, como lo demuestra la Historia y como lo quieren imponer algunos gobernantes, y otros ya lo han impuesto en varios países de nuestro continente, es una falacia.

Un capitalismo que genere trabajo y distribuya con justicia la riqueza que produce. Ese es, a mi juicio, el camino a seguir.

 

 

 

 

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