07 de July del 2022 a las 15:31 -
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Gabriel Boric y la Convención Constitucional
La recuperación de Chile será lenta y dolorosa, pues el descalabro a que el país fue conducido por la ambición de unos y otros, no se recupera de un año para otro.

(escribe prof. Alejandro Carreño T.) La Convención Constitucional terminó su mandato sin pena ni gloria. Como sabemos, “Sin pena ni gloria” se refiere a la mediocridad de algún acontecimiento. Mediocridad que la sociedad chilena percibe día tras día y refleja en todas las encuestas de opinión pública, en las redes sociales y en la esfera política incluso de tendencias izquierdistas. El entusiasmo del Sí con que se inició el proceso constituyente, fue diluyéndose en su transcurso motivado por los desmanes de los propios convencionales, por sus odiosidades y, derechamente, por las payasadas de varios de sus miembros.

Lentamente la sociedad fue despertando y denunciando estos desvaríos fundamentalistas, el despilfarro de dinero y la falta de espíritu democrático por parte de quienes se apoderaron de la Convención como si fuese de su exclusiva propiedad, y no la representación de una sociedad que sí quería cambios, pero no cambios que significaran la destrucción política, social, jurídica y económica del país. Vale la pena recordar que una de las primeras voces que denunció la mediocridad de los convencionales, fue la propia madre del Presidente Boric Font, la señora María Soledad Font:

“Cuando empecé a ver que faltaba plata, que faltaba…, yo decía ¡pero cómo!, porque pensé que las personas que estaban integrando esto eran personas con conocimiento y tenían todos los talentos para poder realizar esta cosa tan importante, por la cual, al menos yo vi, que Gabriel se inmoló para que esto resultase” (Fuente: “Declaraciones de una madre: Gabriel se inmoló para que esto resultase”, columna publicada en CoolTivarte el 27 de abril de este año, https://cooltivarte.com/portal/declaraciones-de-una-madre-gabriel-se-inmolo-para-que-esto-resultase/). Lo que pueda rescatarse del texto presentado, como el reconocimiento de los pueblos originarios, por ejemplo, no es motivo suficiente para aceptar una Constitución francamente separatista.

Porque el reconocimiento de los pueblos originarios no significa que deba entregarse a ellos privilegios que solo dañan la integridad territorial, política, jurídica y económica de Chile. Privilegios odiosos que ofuscan al 91% de la población del país. Los grupos radicales de la Convención Constitucional, representados esencialmente por el Partido Comunista y el Frente Amplio, destrozaron las ilusiones de Chile de disponer de un texto que, efectivamente, satisficiese las demandas de toda la sociedad sin distingos ideológicos, ni menos fundamentalismos ajenos a la realidad democrática y la cultura republicana de Chile.

El Presidente Gabriel Boric estuvo desde un comienzo ligado al destino de la Convención. Así lo sintió y así lo expresó hasta no hace muchos días, cuando dio otra de sus grandes vueltas de carnero al desmarcar su gobierno de los destinos de la Convención. Sus propios ministros y aliados convencionalistas y parlamentarios así también lo expresaron desde un comienzo. Baste recordar que los ministros Camila Vallejo y Giorgio Jackson seguían aferrados al discurso oficial que señalaba que sin la nueva Constitución no se lograría implementar el programa de Gabriel Boric. Programa que los comunistas como Daniel Jadue dicen ser “su programa”.

¡Sálvese quien pueda!, debió pensar el Presidente quien, por otro lado, presenta la peor evaluación ciudadana de un presidente en sus primeros tres meses y algo más en La Moneda. Y sin más, descolocando a sus ministros, se alejó de su aliada que no goza de buena salud popular. Boric no desea, está claro, que su gobierno sea vinculado a una entidad indiscutiblemente cuestionada por todos, como lo es la Convención Constitucional. Para ello deberá mejorar sus relaciones con el Parlamento y el ministro Jackson deberá esforzarse más en su trabajo ministerial.

¿Qué sucederá a partir del cinco de septiembre? Vendrán tiempos difíciles: cesantía galopante, inflación como no se vio en décadas, disminución alarmante de la inversión nacional y extranjera, pandemia a la deriva, aumento de la pobreza a niveles que los chilenos habían olvidado, delincuencia y terrorismo desatados, narcotráfico exultante, crisis política peor que la vivida durante el gobierno de Salvador Allende, crisis moral y desencanto social.  La recuperación de Chile será lenta y dolorosa, pues el descalabro a que el país fue conducido por la ambición de unos y otros, no se recupera de un año para otro.

El gobierno de Gabriel Boric, de principiantes de la política haciendo su práctica en La Moneda, tiene la difícil misión de encauzar Chile, primero por la senda de la convivencia pacífica y democrática, para recién comenzar el trabajo de reconstrucción política y moral del país, tal como lo planteó el Presidente Ricardo Lagos en su “Declaración Nueva Constitución”, del 5 de julio pasado: “Tengo la convicción que ese es el gran desafío que deberán enfrentar, en un par de meses, las fuerzas políticas y que el Presidente de la República tiene el deber de liderar”.

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