13 de June del 2022 a las 14:45 -
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Tres meses en La Moneda
Su incontinencia verbal, propia de quien hizo política callejeando y le encanta, por lo mismo, escucharse, le ha construido una generosa imagen de Presidente auto-zancadilla.

(escribe prof. Alejandro Carreño T.) El 11 de marzo pasado el Gobierno del Presidente Gabriel Boric estuvo de aniversario de trimestre. El tiempo pasa rápido, aunque para los chilenos ha avanzado lentito. Con todo, la presencia del joven Mandatario, salido de las calles, desgreñado y con apariencia de revolucionario de ocasión, ha escrito una sólida agenda anecdótica que ha sido su principal aporte a la memoria de la Historia.  Su incontinencia verbal, propia de quien hizo política callejeando y le encanta, por lo mismo, escucharse, le ha construido una generosa imagen de Presidente auto-zancadilla. Y esto, desde el mismísimo día que entró a La Moneda.

Ese día 11 de marzo, Boric culpó al rey de España, Felipe VI, por  el retraso de la ceremonia de cambio de mando: “Me pareció bien inaceptable que se atrasara la ceremonia porque el rey de España se había atrasado”. Pero la Casa Real declaró: “Nosotros seguimos en todo momento las indicaciones de protocolo y seguridad chilenos, que son quienes marcan el ritmo de llegada de las caravanas”. Lo cierto es que la caravana española, al igual que otras, estuvo mucho rato retenida, esperando la venia del protocolo chileno. Y, según la televisión nacional, dos ministros se atrasaron para la foto oficial pues “estaban en un taco”, lo que retardó toda la ceremonia.

Desde aquel instante la prensa española festinó con Gabriel Boric y pasaron a llamarlo “El Merluzo”, que significa “hombre bobo, tonto”. En Chile registraron el nombre y suelen llamarlo de la misma manera. Fue el comienzo de una lista interminable de metidas de pata como nunca se vio en la Historia política presidencial de Chile. Nosotros hablaremos solo de algunas, porque se trata de una columna y no de un libro. Con el primer bochorno se ganó el apodo “El Merluzo”; con el último, de estos días en la Cumbre de las Américas en Estados Unidos, se ganó la pregunta ¿Dónde está la cerveza?, formulada por John Kerry, representante del país anfitrión, sentado a escasos dos metros de Boric

¿Qué pasó? Otra metida de pata del Presidente chileno al criticar la ausencia del representante de Estados Unidos a la Cumbre, en cuanto él hablaba de los océanos: “le vamos a poder decir con más propiedad a los países desarrollados, como Estados Unidos, que no está aquí presente […]”. ¿Qué quiso decirle John Kerry al preguntarle por la cerveza? Pero antes, en su corta estadía en Canadá, se ganó el apodo de “El Mocos”: “Las redes sociales chilenas se han llenado de burlas con un vídeo del presidente chileno, Gabriel Boric, en el que se ve cómo introduce parte de su dedo pulgar en la nariz para sacar, por lo que se deduce de su gesto posterior en el que roza el pulgar con el índice, algo de moquita. El gesto tuvo lugar en una intervención conjunta que protagonizó con el canadiense Justin Trudeau”, se lee en el periódico español El Debate (https://www.eldebate.com/internacional/20220607/burlas-chile-supuesto-moco-boric.html).

Así fueron el comienzo y el fin de los tres primeros meses de Gabriel Boric en La Moneda. Entre ambos eventos hubo mucha leña que cortar. Recordemos su primera gira al exterior: Argentina. En el clásico intercambio de regalos, el Presidente chileno le regaló a su par argentino “una alfombra voladora olfativa” para su perro Dylan, tal vez penando que Dylan llevaría a su amo a ver la 9 de Julio desde el aire, como un personaje cuadrúpedo arrancado de las Mil y una noches. Fue la risión en ambos países.

Ahora en Chile, fue bochornoso el episodio “La Socia”. Queriendo congraciarse con el pueblo, en una comuna muy popular, las pullas se hicieron oír, sobre todo las de una mujer a la que llamó de “socia” para dialogar con ella. ¿Un presidente llamando “socia” a una pobladora? Está bien “vecina”, “señora”, pero no “socia”. La incontinencia verbal y populachera le pasó la cuenta. La “socia” no quiso saber del “socio” y olímpicamente lo mandó a paseo, que se fuera de su comuna. Nuevamente la incómoda situación lo dejó como “chaleco de mono”, como decimos en Chile, y durante días fue el hazmerreír nacional pues todos andaban “hola, socia”; “hola, socio”.

Y aún se le recuerda. Si el episodio de “La Socia” fue bochornoso, no menos escandaloso fue el episodio “Marrueco abajo”, en uno de los salones de La Moneda. Simplemente el Presidente entró a una reunión con el marrueco abierto. Una funcionaria le avisó y él se subió el cierre del pantalón delante del otro personaje y frente a las cámaras. Luego le dio la mano al invitado. O sea, todo un espectáculo de baño público de mala muerte.

En cuanto los chilenos somos la mofa planetaria por las metidas de pata del Presidente Boric, el país vive su acostumbrada y refulgente normalidad: por un lado, los terroristas araucanos haciendo de las suyas y amenazando ahora con tomarse los colegios para impartir lo que ellos quieran; de otro lado, los ciudadanos en la más absoluta indefensión ante la delincuencia callejera y el crimen organizado. Por último, los convencionales y su espectáculo diario con su Constitución que escriben (los que saben) y reescriben una y otra vez, intentando mejorar las barbaridades propuestas en el texto original. Usted lea “mejorar” como mejor le plazca.

Sí, tres meses ya. El tiempo pasa rápido, pero lentito para los chilenos.

 

 

 

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