28 de May del 2022 a las 10:56 -
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Mi columna inclusiva dedicada a las autoridades chilenas
Como Profesor de Castellano y eterno estudiante, me atrevo desde esta columna, solicitar a la persona menstruante Subsecretaria de la Niñez, Rocío Faúndez García, que dicte sus clases de Castellano vía Zoom para que los adultos nos bañemos con sus notables conocimientos de la lengua que acaba de inventarse, y no con la de los fraudulentos Francisco de Quevedo y Mario Vargas Llosa.

(escribe prof.Alejandro Carreño T.) Como Profesor de Castellano formado en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, cuando la educación en Chile era cosa seria, escribo esta columna inclusiva para estar en la onda de las nuevas autoridades del país que con tanto talento, frescor y entusiasmo, han adherido a la democracia del idioma con sus intervenciones brillantes y sensibles que han conmovido a todo el país, sin distingos sociales de ningún tipo. Estoy, por lo mismo, consciente de los cambios de identidad de género que han interpretado a  tantos y tantos seres humanos, que ya estoy sorprendido de ser hombre y mi esposa, mujer.

La primera luz de sabia alerta me vino directamente desde La Moneda. En determinado momento nuestro Ilustrísimo Presidente de la República, de pasado brillante por la Universidad, nos habló de “BONO PARA LAS TRABAJADORES DE LA CULTURA”. Debo decir que por varios días tales declaraciones me provocaron primero un rechazo profundo, pero luego llegó el tiempo de la reflexión. Y sin ser sabio ni filósofo ni cosa que se le parezca, comencé a pensar que tal vez Su Excelencia, con toda su sabiduría y experiencia discursiva, nos estaba entregando la verdadera verdad del Castellano que por siglos había estado oculta en la dureza de nuestro idioma.

¡Alabado seas, Gabriel!, grité. Mi señora pensó que le hablaba al Arcángel San Gabriel, porque “arcángel” es una palabra griega, me dijo,  que significa “que gobierna, que dirige, que comanda, que lidera”. En cuanto que “Gabriel”, continúo con su clase de etimología, es una palabra hebrea que significa “Hombre de Dios” o “La fuerza de Dios”. Por último, me remató, en árabe el nombre “Gabriel” es “el mensajero enviado por Dios a determinadas personas”. Quedé anonadado con las ilustrativas explicaciones de mi señora. Esas “determinadas personas” somos nosotros los chilenos y nuestro Presidente es un Iluminado. Caí en un estado de profunda meditación metafísica difícil de comprender por quienes no han sido poseídos por ella.

No éramos cualquier país. Éramos esas “determinadas personas” a quienes Dios, en su infinita bondad había enviado a Gabriel, su mensajero, nuestro Presidente, para que nos dirigiera y enseñara el camino de la sabiduría tan esquiva para el pueblo chileno. Ya no tuve más dudas. Había que adherir con todas las fuerzas a la Épica Cruzada Idiomática emprendida por nuestro Gabriel y sus Caballeros Rodantes, personajes no menos ilustrísimos quienes, aunque no sean Gabriel, se han empapado de sus conocimientos idiomáticos y seguido con devoción sus enseñanzas.

El señor Ministro de Educación, rindiendo honores a su luminiscente ministerio habló de LAS Y LOS ESTABLECIMIENTOS, por cierto educacionales. Debo admitir que pocas veces en mi vida de Profesor de Castellano sentí tan  asombrosa felicidad, pues entendía que finalmente, después de siglos de una enseñanza deformadora y siniestra de la lengua de Quijote, llegaba el momento de modificar la Historia de Chile y fundar una nueva Patria construyendo nuevas realidades con nuestro hermoso pero, hasta ahora, desconocido Castellano. Y los lucíferos ejemplos florecieron en el Jardín del Edén Gabrielino.

El señor Subsecretario de Salud, entonces, para no ser menos, le ofreció al pueblo chileno su cátedra medicinal y les habló de LAS MEDICAMENTOS. A esta altura y todavía instalándose en La Moneda, el cayado de nuestro Iluminado Gabriel ya señalaba la caminata por el desierto para alcanzar la Tierra Prometida. Avanzábamos a tropezones, pero avanzábamos, en cuanto el Castellano de Miguel de Cervantes, de Alejo Carpentier, de César Vallejo, de Jorge Luis Borges, de Gabriela Mistral, de Juana de Ibarbourou y de tantos otros embusteros, se revolvía en el Octavo Círculo del Infierno junto a los fraudulentos que por siglos nos habían engañado.

Pero no solo Iluminados hay en el rebaño de nuestro Gabriel, lo que sometió mi alma a nuevas y sorprendentes alegrías. Están también las iluminadas. Mujeres notables pero que ningún chileno conocía, puesto que se encontraban socavadas por un sistema lingüístico de pueblo originario, pero que fueron llamadas por nuestro Arcángel Gabriel a formar parte de la reescritura del idioma Castellano. Así fue como apareció Rocío Faúndez García, Subsecretaria de la Niñez, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social y Familia  quien, con inigualable lucidez argumentativa y devastadora fuerza idiomática, le dictó al pueblo chileno una Clase Magistral sobre cómo deberemos referirnos a nuestros niños y adolescentes. Y lo hizo formato Manual.

¡No da lo mismo! RECUERDA UTILIZAR LOS CONCEPTOS CORRECTOS, dice el encabezamiento. Entonces, no debemos decir “Menores”, sino “niñas, niños, niñes y/o adolescentes”. Tampoco debemos decir “nuestros niños”, nos dice la persona menstruante que es su eminencia Faúndez, sino “Las niñas, los niños y les niñes”, porque “son sujetos de derecho y no propiedad de las y los adultos”. Y yo que pensé toda mi vida que “mi hija” era “mi hija”, y que como Profesor también pensaba que “nuestros niños” eran “nuestros niños” y no los niños de la escuela del lado o de allende los Andes. (NOTA: “persona menstruante”, en vez de mujer, es otro de los aciertos idiomáticos impuestos por varias Diputadas Iluminadas que integran el coro sapiente de los rescatados por nuestro Arcángel Gabriel).

Pero no. Estaba equivocado. Cómo no agradecer la infinita sabiduría de esta persona menstruante que me abrió los ojos, el alma y la razón y me encaminó al buen decir del Castellano (¿podré decir “nuestro Castellano”, o también es un sujeto de derecho y no de mi propiedad como adulto que soy?). Además, y para sentir que todas las gracias son insuficientes ante tanto deslumbramiento idiomático, el Sapientísimo Manual nos aclara que no debemos decir que “los niños son el futuro” porque “niñas, niños y adolescentes son el presente y deben visibilizarse ahora”.

Y yo, Profesor de Castellano, ¡pobre de mí!, que creí toda la vida que “visibilizar” significaba “Hacer visible artificialmente lo que no puede verse a simple vista, como con los rayos X los cuerpos ocultos, o con el microscopio los microbios”, tal como lo señala la RAE. Aterrado descubrí que mi hija nunca tuvo presente porque jamás la “visibilicé”. ¡Oh, Arcángel Gabriel, mensajero de Dios para el pueblo chileno! ¿Habré querido como padre a un holograma y no a una niña de carne y hueso? Como una parodia del personaje de Borges de su cuento las Ruinas circulares, ¿no habrá sido mi hija solo una proyección futura de mi mente desvariada y escaso conocimiento de idioma Castellano que hoy, aprendo y digiero con unción?

Como Profesor de Castellano y eterno estudiante, me atrevo desde esta columna, solicitar a la persona menstruante Subsecretaria de la Niñez, Rocío Faúndez García, que dicte sus clases de Castellano vía Zoom para que los adultos nos bañemos con sus notables conocimientos de la lengua que acaba de inventarse, y no con la de los fraudulentos Francisco de Quevedo y Mario Vargas Llosa.

Y  podamos “visibilizar” a los niños como sujetos de derecho tal como lo requiere su conspicuo Manual.

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