27 de March del 2022 a las 08:58 -
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Libertad
Ser libre es el anhelo de todos los seres humanos. ¿Qué haremos con nuestra libertad? ¿Condescender con la mentira que hace amigos o gritar la verdad que acarrea enemigos?

(escribe prof. Alejandro Carreño T.)  Hermosa palabra es “libertad”. “Amamos la libertad porque en ella vemos la verdad”, dijo José Martí. El ser humano solo puede ser libre en la verdad. Y George Orwell, que sabía de estas cosas, en un texto clásico que debiera estudiarse en todas la escuelas de periodismo y ser lectura permanente del hombre libre, La libertad de prensa (https://thevelvetbooks.files.wordpress.com/2016/02/la_libertad_de_prensa-orwell.pdf), nos enseñó que  si “la libertad significa algo, es el derecho de decirles a los demás lo que no quieren oír”. Junto con Libertad de prensa, es indispensable detenerse en Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1949), dos novelas que denuncian desde la profundidad de sus páginas, la pérdida de la libertad en los sistemas totalitarios.

En varios países de nuestra siempre convulsionada América Latina, la libertad se encuentra en la cuerda floja, en cuanto en otros se halla definitivamente encarcelada. Nos recuerda a Steven Jago, el inglés de 38 años, arrestado en Londres por exhibir un lienzo con la frase de Orwell sacada de 1984 “En una época de engaño universal decir la verdad es un acto revolucionario” (El País, 29 de junio de 2006, https://elpais.com/internacional/2006/06/29/actualidad/1151532007_850215.html). O a la Rusia de Putín que condenó a Nadejda Tolokonikova, María Alejina y Ekaterina Samutsevich, integrantes del grupo Pussy Riot, por el delito de interpretar la canción “Madre de Dios, fuera Putin”, contra la reelección del cuestionado líder en la Catedral de Moscú, el 21 de febrero de 2012 (la historia de este colectivo femenino puede leerse en Wikipedia o en diversas páginas de Internet).

¿Cómo vivir escondidos en la mentira? Cuando Prometeo roba el fuego a Zeus, y lo entrega a la Humanidad, (Esquilo, Prometeo encadenado): “Puse a los mortales en camino de arte dificilísimo y les abrí los ojos, antes ciegos, a los ojos de la llama”, el hombre asume la luz de su propio destino. Pero este asumir desde la razón y no más desde el dogma, su propio camino, implica el discernimiento entre el bien y el mal. El bíblico árbol de la ciencia. El libre albedrío, fundamento de las relaciones humanas en las sociedades democráticas sustentadas en la comunicación, no existe cuando se desconoce al otro en su legítimo otro.

Es  la libertad socavada por la intolerancia del poder. El fascismo totalitario que los incautos pasivos o cómplices directos atribuyen a los regímenes de derecha, incapaces de reconocerlo también en los regímenes de izquierda, como lo hace Orwell respecto de la Unión Soviética y como la prensa libre lo denuncia respecto de Cuba, Nicaragua y Venezuela, no representa más que la verdad camuflada con ropas de la mentira del poder, para justificar sus cárceles repletas de presos que blandieron la bandera de la libertad.

El fuego que Prometeo ofrendó a la Humanidad, a pesar de los miles de años transcurridos, aún no penetra algunas conciencias que se recogen ante su luz libertaria. El liderazgo de los regímenes cubano, nicaragüense y venezolano, como otros tantos que se niegan por estos días, a asumir plenamente la libertad del individuo como base esencial de las relaciones entre estado y sociedad, nos dice que las cadenas a las que fue encadenado Prometeo, su propio castigo, por robar el fuego que iluminara a los hombres y mujeres en su caminar por la historia de la humanidad, son las mismas cadenas que aprisionan, vergonzosamente, a miles de presos políticos que desnudaron la mentira.

Lejos de los grandes centros del poder totalitario (Moscú, Pekín, Pionyang); más lejos todavía del Olimpo, en el que Zeus gobierna a sus anchas, en una América del Sur sufrida y variopinta, la llama de Prometeo  palidece ante la avalancha de regímenes poco gentiles con la libertad, “porque en ella vemos la verdad”. El verdadero sentido de la palabra “libertad”, del latín libertas, que a su vez deriva de la raíz indoeuropea leudhero, es “aquel que tiene derecho de pertenecer a un pueblo”. Ser libre es, en consecuencia, una condición de la libertad. Ser libre es un derecho natural del hombre, pero también es un deber que se traduce en el deber de elegir entre la verdad y la mentira.  

Ser libre es el anhelo de todos los seres humanos. ¿Qué haremos con nuestra libertad? ¿Condescender con la mentira que hace amigos o gritar la verdad que acarrea enemigos? Rabindranath Tagore nos enseñó que “el río de la verdad va por cauces de mentiras”. Esa mentira que los regímenes totalitarios disfrazan de verdad para justificar sus acciones ignominiosas que privan a los hombres justamente de su libertad.

A aquellos hombres que la mentira ha puesto en la cárcel les dedico estos versos de Bob Dylan: “Any day now, any day now, I shall be released” (“Cualquier día de estos / cualquier día de estos / seré libre”).

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