29 de April del 2021 a las 09:40 -
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“Compadre, no me deje Ud. asesinar”
Abrazo del Monzón: del  fraterno reencuentro al perdón al traidor.

(escribe, Aldo Roque Difilippo) Anualmente Soriano se celebra el “Abrazo del Monzón”, un episodio histórico protagonizado entre Juan A. Lavalleja y Fructuoso Rivera. Celebraciones que se centran en las cercanías de Cardona, en el histórico lugar,  que consisten en marchas a caballo que llegan hasta el lugar donde ocurrió.   Actividades que por las actuales circunstancias  no  puede realizarse.

El hecho ocurrió el  29 de  abril de 1825,  y tuvo una  significativa  importancia,  ya que determinó que muchos caudillos menores, entre ellos Julián Laguna, decidieran de inmediato incorporarse al movimiento revolucionario, que desembocaría con la  independencia  de nuestro país.

Habitualmente toda celebración tiende a resaltar los valores épicos, o hechos notables de la historia buscando contagiar a las nuevas generaciones de ese sentimiento patriótico, apuntando afirmar el sentido de pertenencia de los ciudadanos a su terruño. Pero ¿qué valores se pretenden trasmitir a las nuevas generaciones al celebrarse el “Abrazo del Monzón”? ¿Qué hecho altruista, destacado, patriótico, honorable, ocurrió en el rancho de El Monzón como para ser equiparado a una celebración histórica?

Lo ocurrido en El Monzón fue más bien la historia del perdón a una traición, no fue el abrazo entre dos camaradas de la revolución independentista, no fue el reecuentro de dos viejos amigos. Durante años los historiadores relataron cómo Lavalleja y Rivera, en abril de 1825, se fundieron en un abrazo que permitió el comienzo de la lucha independentista contra las fuerzas brasileñas.  Varias versiones echan por tierra el mito.

 

El abrazo

Algunos historiadores aseguran que no hubo abrazo alguno entre Rivera y Lavalleja. El jefe de la Cruzada Libertadora le perdonó la vida a don Frutos, a cambio de que se sumara a la lucha por la independencia.

El Abrazo del Monzón es uno de los hechos históricos que ha generado controversia en el correr de los años. El 19 de abril de 1825 los patriotas comandados por Juan Antonio Lavalleja desembarcaron en la playa de la Agraciada, iniciando así la gesta emancipadora. Luego de algunas incursiones en la zona, el 28 de mayo de 1825, según una versión difundida durante años, Lavalleja y Rivera se encontraron en un rancho, donde se habría producido el histórico abrazo que selló la unión de estos dos caudillos en la lucha independentista contra las fuerzas brasileñas. Con el correr de los años varios historiadores dieron por tierra esta versión y del tal abrazo sólo quedó el nombre. Según pudo documentarse posteriormente en aquel encuentro Lavalleja literalmente le perdonó la vida a Rivera, que no tuvo más remedio que incorporarse a las fuerzas patriotas. El Gral. José Brito del Pino en su "Diario de la Guerra del Brasil", escrito durante esa campaña, expresa: "Se pudo ir (Rivera) al galope y cuando llegó, recién se apercibió de su engaño y de que se hallaba prisionero de los mismos que iba a combatir. Como al verlo todos desnudaron sus espadas, creyó que iba a ser muerto y lleno de terror le dijo a Lavalleja: “Compadre, no me deje Ud. asesinar”.

Entonces Lavalleja mandó que envainasen los sables y le contestó: “Aunque no merecía otra suerte que morir a mano de sus paisanos a quienes ha traicionado como igual a su patria, he querido demostrar toda la generosidad que nos anima y ver si con conducta tal de nuestra parte, olvida Ud. su pasado de crímenes y traiciones y entra a hacer causa común con nosotros para libertar la patria”. Ya repuesto Rivera de su primer terror, se negó a cooperar, fundándose en que estaba al servicio del Imperio y no podía traicionarlo, añadiendo otras excusas, hijas de su malvada voluntad.

Entonces replicó Lavalleja: “Pues bien, compadre, piénselo bien hasta la madrugada; si entonces no se ha decidido a volver al camino del honor, será fusilado y la patria vengada”. Se le hizo retirar enseguida a una tienda de campaña guardada por centinelas de vista. (...) Entregado quedó a sus reflexiones hasta las 2 de la mañana, más viendo que el término fatal se aproximaba, mandó llamar al general Lavalleja y le dijo: “Compadre, estoy decidido, vamos a salvar la patria y cuente Ud. para todo conmigo”. Lavalleja lo abrazó entonces y lo comunicó a los demás".

La verdadera historia de lo sucedido cerca de Cardona en aquel lejano 1825 demoró algún tiempo en conocerse, fundamentalmente por las pasiones políticas que estas dos relevantes figuras históricas generaron en la política de la naciente nación oriental.

 

 

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